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Federación de Entidades de Fomento y Organizaciones Libres del Pueblo de Quilmes |
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Solo los hechos dan fe a las palabras |
Gran Bretaña y EE UU estrechan el lazo sobre el petróleo de Malvinas |
| Martes, 24 de Enero de 2012 00:01 INFOGLACIAR . Anadarko, vinculada al Pentágono, busca un acuerdo con Rockhopper para explorar en las islas |
Nunca más oportuna la frase de Ernesto Guevara: “No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así. Nada.” Las últimas y contradictorias declaraciones del Departamento de Estado de los EE UU en relación con Malvinas, reconociendo al gobierno de facto aunque instando al diálogo, caen en saco roto luego de la novedad que a continuación pasamos a detallar: trascendió ayer que la energética Anadarko está a punto de cerrar una alianza con Rockhopper Exploration, la petrolera británica en Malvinas.
¿Qué es Anadarko? Una firma estadounidense con sede en Houston, de más de 4000 empleados, con 2,4 mil millones de barriles en reservas de petróleo equivalentes (la Argentina cuenta con 2,5 millones de barriles de petróleo certificados) y vasta experiencia en explotación de crudo en aguas profundas (léase “nefasta experiencia”, ya que esta compañía carga el pesado lastre de haber sido socia de la BP en el pozo que protagonizó el derrame de petróleo del Golfo de México, en abril de 2010). La semana pasada cuatro ejecutivos de Anadarko viajaron a Puerto Argentino. Allí, mantuvieron una reunión con directivos de Rockhopper, operadora que según el matutino The Sun “encontró 700 millones de barriles de oro negro en la costa norte de las Falklands” (22/01/2012). Según consta en el portal oficial de Anadarko, entre varios miembros del directorio de la firma destacan: 1) Kevin Chilton, ex comandante del Comando Estratégico de Estados Unidos. Mr. Chilton sirvió a la Fuerza Aérea de los EE UU por más de 34 años. Es director de la energética desde mayo del año pasado; y 2) Preston M. “Pete” Geren III. Mr. Geren, director de Anadarko desde octubre de 2009, se incorporó al Departamento de Defensa en septiembre de 2001. Entre 2000 y 2005 fue director de Anadarko; de allí pasó a dirigir la Secretaría de la Fuerza Aérea de EE UU y luego la Secretaría del Ejército (julio 2007 a septiembre de 2009) para una vez más retornar a la petrolera, cargo que desempeña hasta el presente. Si bien no se trata de la primera firma estadounidense en coquetear con Rockhopper (ya lo habían hecho antes American, Hess, Noble y Murphy) en este caso sería una compañía directamente vinculada al Pentágono, al Departamento de Defensa y a las Fuerzas Armadas estadounidenses. Por tal motivo y con toda razón, The Sun comenta al respecto: “El apoyo de Anadarko implicará una tácita aprobación a la soberanía del Reino Unido [sobre Malvinas], completando la transición de las Falklands desde una posta agrícola a una frontera de vanguardia para la multimillonaria industria petrolera mundial.” Más allá de la confirmación del acuerdo entre ambas firmas, la máscara de la Casa Blanca en relación a Malvinas se cae por su propio peso y hace añicos contra el suelo. El frente petrolero anglo-sajón, punta de lanza que justificará la necesidad de proteger militarmente a las compañías en cuestión, parece estar próxima de activarse en suelo argentino y sudamericano. Falta que el Reino Unido primero y los Estados Unidos después declaren al petróleo en Falklands como estratégico a su seguridad económica y nacional. Finalmente, The Sun señala que de concretarse, el “joint venture” significará un duro golpe para la Argentina. Esto, claro, si uno aspirase a la zoncera de pretender tener en Estados Unidos a un aliado en la causa Malvinas. Más bien, todo lo contrario: más que un golpe para la diplomacia nacional, se trata de una nueva oportunidad, de una gran excusa para que el Mercosur y la Unasur sigan estrechando filas, identificando los verdaderos intereses en juego, los verdaderos aliados y los reales o potenciales adversarios. De la misma manera que la invasión británica a Malvinas en 1833 voló por el aire la Doctrina Monroe; de igual forma que la guerra en 1982 acabó con el TIAR, los hidrocarburos alrededor de las islas revelan al verdadero enemigo (al enemigo histórico) de la soberanía nacional; revelan, asimismo los auténticos intereses detrás de la escalada belicista británica: imperialismo, geopolítica y recursos naturales. Es que la guerra no ha terminado, sigue por otros medios. Mientras tanto… ni tantito así. ¡Nada! Por Federico Bernal y para Tiempo Argentino |