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Federación de Entidades de Fomento y Organizaciones Libres del Pueblo de Quilmes |
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Solo los hechos dan fe a las palabras |
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| VEINTISEIS REPRESORES SENTADOS EN EL BANQUILLO |
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| La conexión local con el Circuito Camps (QUILMES) |
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| El cabo Hugo Alberto Guallama, apenas subió al estrado oyó que desde el lugar ocupado por el público le increpaban: Guallama ¿dónde está Clara Anahí? , en alusión a la beba apropiada luego que su madre, Diana Teruggi fuera asesinada en un operativo, en noviembre de 1976. Guallama, quien se desempeñaba en esa época como chofer del represor Miguel Etchecolatz, ni se inmutó ante el grito, ocupó su asiento y ni siquiera habló con los otros imputados que lo rodeaban. Esto ocurrió en el comienzo, cuando los 26 imputados del juicio que se sigue por delitos de lesa humanidad cometidos en 6 centros clandestinos de detención del Circuito Camps comenzaron a ocupar sus asientos en el estrado levantado en la sede de la ex Amia de La Plata. Allí, las autoridades del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, montaron una estructura, que prolonga el escenario, para ubicar a los imputados, a quienes resolvieron proteger del público con un cerco de rejas y 6 efectivos del Servicio Penitenciario Federal. Guallama, ¿dónde está Clara Anahí? fue la pregunta que quedó sin respuesta, dirigida a quien se presume participó en el operativo de fuerzas militares y policiales que el 24 de noviembre de 1976 acribilló a balazos la casa de Diana Teruggi y Daniel Mariani, matando a la jóven y a otros 3 militantes. Teruggi protegió con su cuerpo de la balacera a su hija Clara Anahí, de 3 meses de vida, quien resultó ilesa pero fue apartada del cuerpo inerte de su madre para ser entregada a los policías del operativo, sin que hasta hoy se conozca su paradero. Pero Guallama no fue el único imputado interpeleado a gritos por una menor apropiada, ya que otro imputado, el médico policial Jorge Bergés también fue increpado. Bergés, ¿a quién le diste la hija de Silvia Valenzi? , gritó una mujer sentada entre el público. Silvia Valenzi dio a luz en cautiverio, en 1977, en un parto que habría presenciado Bergés, el médico del horror que tiene prisión domiciliaria en su casa de Quilmes. Es que el histórico juicio que se lleva adelante en la Plata tiene su conexión local. Uno de los centros clandestinos investigados es el destacamento de Don Bosco, denominado como Puerto Vasco, por donde incluso pasaron algunos de los estudiantes desaparecidos en la llamada Noche de los Lápices. Entre los imputados, varios merodearon por la zona. Miguel Osvaldo Etchecolatz fue jefe de la brigada de Quilmes en el año 1973. El médico Jorge Antonio Bergés vive en Quilmes y Raúl Orlando Machuca fue jefe de la brigada de Quilmes en la década del 90. El militar genocida Ramón Camps y su temible director de Investigaciones, el comisario Miguel Etchecolatz, convirtieron a la Policía y especialmente a sus brigadas de Investigaciones en máquinas de matar que trabajaban a destajo y cobraban sus horas extra de entre los bienes robados a sus víctimas. Los pozos de Banfield, Quilmes y Arana, El Vesubio, Coti Martínez, el Puesto Vasco, el Sheraton, La Cacha, fueron algunos de los nombres que los Patas Negras dieron a las dependencias policiales que convirtieron en su propio Circuito de Campos Clandestinos de Detención, dentro del Area 113 , según reza el Nunca más. El viernes 16 de septiembre se cumplen 35 años del secuestro de un grupo de estudiantes secundarios en la ciudad de La Plata, arrancados de sus casas en un operativo militar conocido como “La Noche de los Lápices”, y cuyos responsables son juzgados desde por crímenes de lesa humanidad. Aunque la persecución, el secuestro y la desaparición de estudiantes no tuvo sus primeras víctimas ese día, entre la noche del 15 y el 16 de setiembre de 1976 se produce el secuestro de la mayor cantidad de jóvenes, por lo que se estableció la fecha para recordar los hechos. Esa madrugada diez alumnos de la Escuela Normal Nº3 de La Plata, que tenían entre 14 y 18 años y militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios, fueron secuestrados de sus domicilios por un grupo de tareas del Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y de la Polícia de la provincia de Buenos Aires. Los jóvenes militaban en defensa de los derechos estudiantiles y habían participado de una protesta para reestablecer el boleto estudiantil, suspendido en 1975. Para justificar el operativo, el titular de la bonaerense, Ramón Camps, adujo que se realizaba “por el accionar subversivo en las escuelas”. De los cuatro que sobrevieron a las torturas y vejaciones, tres pudieron dar testimonio del horror ante la justicia. Ellos reconocieron que estuvieron en los centros clandestinos de detención de Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5a., 8a., y 9a. de La Plata y 3a. de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires. Según el historiador Norberto Galasso, la apreciación sobre los hechos conocidos como La Noche de los lápices , “con el tiempo fue corrigiéndose y dejó de interpretarse como el producto de chicos inocentes que reclamaban un boleto”. “En algunos familiares se empezó a señalar que formaban parte de un movimiento revolucionario y que esa lucha estaba integrada a una concepción de cuestionamiento al orden de la dependencia que había instalado la dictadura militar”, dijo. |