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La omisión política, cómplice de la violencia sexista

Esta semana murió en Comodoro Rivadavia una mujer que fue quemada por su pareja, quien dice que ella misma se roció con alcohol y se arrojó a una hornalla tratando de suicidarse, y las quemaduras en sus brazos y manos obedecen al intento de salvarla. ¿Será otro femicidio impune? El método se multiplicó a partir del caso de Wanda Taddei, la mujer del baterista del grupo Callejeros, Eduardo Vázquez, que en febrero de 2010 la roció con alcohol y la prendió fuego, produciendo su muerte luego de una espantosa agonía. La difusión del caso produjo un “efecto contagio” que multiplicó las amenazas y ejecuciones de mujeres quemándolas.Algo para meditar es la responsabilidad de los medios de comunicación. La difusión produce un doble efecto: por un lado, la exhibición de límites aberrantes a los que llega la violencia contra las mujeres minimiza otras formas graves de violencia menos visibles (psicológica, económica, moral); por otro lado, el efecto de imitación en los victimarios y de amenaza sobre las víctimas (“eso mismo te puede pasar a vos”) refuerza el mensaje de impunidad que suele acompañar las noticias. La mayoría de los femicidios son precedidos de denuncias no tramitadas, exclusiones del hogar violentadas sin sanción, y falta de protección y garantías para las víctimas.
Uno de los cambios urgentes tiene que ver con la recepción de las denuncias por parte de las fuerzas de seguridad, y el tratamiento de los casos por parte de la Justicia. La Corte Suprema de Justicia, con su Oficina de Violencia Doméstica, produjo un servicio de acceso directo con atención integral inmediata, las 24 horas los 365 días del año; con su Oficina Mujer capacita efectores de justicia con una mirada de género y en el difícil tema de la trata de personas en convenio con el Ministerio de Seguridad. Las tres ministras (Nilda Garré y las de la Corte, Elena Highton en la OVD y Carmen Argibay en la OM) son ejemplos virtuosos del efecto de la presencia de mujeres en las máximas responsabilidades del Estado. Para que estos resultados se consoliden y se reflejen en derechos, debe haber políticas públicas que interactúen construyendo ciudadanías equitativas. Fortalecer la capacidad de las mujeres para una vida libre de violencia implica educar, generar conciencia, controlar las expresiones mediáticas que degradan y segregan a las mujeres, visibilizar y desnaturalizar las múltiples formas de violencia en las relaciones sociales, atender a las víctimas y a los niños y niñas involucrados en grupos de convivencia violentos, dar atención psicológica, patrocinio jurídico, refugios para los casos graves, casas de medio camino, capacitación e integración laboral que permitan rehacer un proyecto de vida autónoma. La omisión política también puede ser una forma cómplice de la violencia sexista.*Instituto Interdisciplinario de Género - UBA.    PERFIL 31-12-11.