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Cuatro años
atrás, en un escandaloso procedimiento, con una intervención
rocambolesca de nutrido personal de la Policía
Federal, se me notificaba de la querella
que me entablaba el entonces Ministro del Interior.
El objetivo de semejante
despliegue era claro. Por un lado, deslegitimarme ante mis propios
vecinos y por otro, principalmente, hacerme sentir temor. Todo el
peso del poder oficial, con más la justicia federal caían sobre mi.
O me callaba y de ese modo me arrodillaba ante el presunto poderoso
o, como en la propia querella se planteaba, entablaba un diálogo
negociador, previa retractación pública, desdiciéndome de mi lucha
de años.
A pesar de tanta amenaza, del
despliegue de poder que realizaron, de contar con nada menos que la
justicia federal, aquella de la servilleta, decidí el camino
contrario al que el mal llamado sentido común me tentaba.
Decidí no retractarme de injuria
alguna que no había cometido y por ello, seguir luchando desde la
verdad, como fue desde el comienzo. Le gustare o no a quien
correspondiere.
Así, con el invalorable aporte de
quien me representó, el Dr. Diego del Corral, su aporte profesional
cualificado y la inteligencia sostenida con el estudio, fuimos dando
la batalla judicial que duró cuatro largos años.
Hoy esa batalla se cerró, el Juez
Federal de Primera Instancia, Dr. Bonadio debió
dictar mi sobreseimiento. Mucho habría que contar sobre estos
últimos cuatro años. Para que el ciudadano común entienda los
despropósitos que se cometen, solo dos ejemplos; desde citarme a una
audiencia un 31 de abril ¡! –fecha inexistente- y a
pesar de ello declararlo válido o tardar más de nueve meses para que
el Registro de Reincidencia, dependiente del Ministerio
de Justicia –¿les suena?- presentara en los autos el certificado que
no existía causa penal alguna en mi contra.
Esos cuatro años
han sido un dispendio absoluto en materia de gasto judicial. Ya
existía desde el inicio jurisprudencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos que me avalaba, sin embargo hubo que luchar durante
estos cuatro años, para no retractarme de las
supuestas injurias que no cometí.
Todo esto por ponerme del lado de los
vecinos; por denunciar la más grande estafa institucional que sufrió
el Pueblo de Quilmes; por denunciar la trampa que fue Relevamientos
Catastrales, que le significó sufrimiento a muchos vecinos
desvalidos, sufrimientos que también representó
que los pobres les pagaran a una banda que asoló
Quilmes, con el silencio cómplice o interesado
de muchos de los que hoy dicen que defienden al Pueblo –cuatro
gestiones municipales involucradas-. Que el Pueblo no se olvide de
Fernández, de Scarabino, de Geronés y de
Villordo y de todos sus acólitos que permitieron que esta trama se
concretara.
En esta lucha, que fue solitaria
durante los primeros ocho años, me acompañaron vecinos, compañeros,
sencillos, sin poder, pero solidarios y sin dobleces. Fueron los
que, sin claudicar, lograron instalar públicamente esta
cuestión de la estafa, de la trampa y del
fraude.
Gracias a esa lucha se logró
impedir que Relevamientos Catastrales siguiere en Quilmes.
Con los mismos argumentos que fundamentaron nuestra lucha, hoy,
recién hoy, la Suprema Corte de Salta declaró que es inadmisible la
privatización de la recaudación tributaria.
Mientras tanto, en Quilmes la estafa,
la trampa, el fraude quedaron impunes. La traición al Pueblo tiene
nombre y apellido.
Esta historia de los últimos cuatro
años nos deja lecciones, lecciones que
deberíamos reflexionar como Pueblo.
Sostener la lucha desde la verdad, no
nos evitará persecuciones ni traiciones, pero nos hará crecer como
sujeto colectivo. Hagamos nuestras las palabras de Artigas,
con la verdad no ofendo ni temo, y desde allí, con entrega y
lucha, sepamos construir un
futuro distinto para las generaciones futuras. Sostener nuestra
lucha desde la verdad, nos permitirá que no acallen nuestras voces,
ni que tengamos que doblar la rodilla ante presuntuosos del poder.
La lucha desde la verdad, nos da
fuerzas y les decimos ni callados, ni de rodillas.
Queda agradecer a los que acompañaron
en la lucha y en especial en estos cuatro años.
A los compañeros sencillos de Mesa de Enlace, que no claudicaron a
pesar de las traiciones de los muchos Fabio González que pasaron por
allí; a los pocos periodistas que siempre estuvieron comprometidos,
Andrea Frade en particular; al Dr. Del Corral y a los muy cercanos a
mi, que me supieron comprender y un recuerdo agradecido y especial
para el verdadero amigo y compañero, P. Angel Caputo.
Y finalmente una dedicatoria
especial, para todos aquellos que traicionan y traicionaron al
Pueblo de Quilmes. Podrán acumular mucho poder y aún mucho más
dinero, pero nunca jamás podrán mirar de frente y a los ojos al
Pueblo de Quilmes.
Juan Aníbal Albaytero |