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Un avión
militar estadounidense intentó ingresar un cargamento no
declarado de armas de guerra, equipos de comunicación
encriptada, programas informáticos y drogas narcóticas y
estupefacientes.
Por
Horacio Verbitsky
Pagina/12
13/02/2011
El
gobierno nacional impidió el ingreso de
carga sensitiva
secreta que arribó al aeropuerto internacional de Ezeiza en un
vuelo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y sobre cuyo
empleo no se ofrecieron explicaciones satisfactorias.
La
expresión carga sensitiva fue utilizada el lunes pasado por la
Consejera de Asuntos Administrativos Dorothy Sarro al solicitar
autorización para que un camión con acoplado pudiera ingresar a
la plataforma operativa.
El enorme
C17, un carguero Boeing Globmaster III, más grande que los
conocidos Hercules, llegó en la tarde del jueves con un arsenal
de poderosas armas largas para un curso sobre manejo de crisis y
toma de rehenes ofrecido por el gobierno de Estados Unidos al
Grupo Especial de Operaciones Especiales de la Policía Federal
(GEOF), que debía tener lugar durante todo febrero y marzo.
El
gobierno estima que el costo total del transporte y el curso
ronda los dos millones de dólares.
El
curso estaba autorizado por el gobierno argentino, pero cuando
el personal chequeó que el contenido de la carga coincidiera con
la lista entregada de antemano, aparecieron cañones de
ametralladora y carabina y una extraña valija que no habían sido
incluidas en la declaración.
Aunque el
curso estaba destinado a fuerzas policiales argentinas, la carga
llegó en un transporte militar y en Ezeiza la recibieron los
agregados militar y de defensa, coroneles Edwin Passmore y Mark
Alcott.
Todas las
cajas tenían el sello de la 7ª Brigada de Paracaidistas del
Ejército con sede en North Carolina.
Intentaron pasar en forma
clandestina mil pies cúbicos, equivalentes a un tercio de
la carga con que llegó el avión, luego de escalas en Panamá y
Lima.
Doce
expertos militares
La nota
que la embajadora Vilma Martínez envió en noviembre al ministro
de Justicia Julio Alak, quien por entonces también se encargaba
de la seguridad, recordaba que la primera fase del entrenamiento
al GEOF para el rescate de rehenes se había realizado en abril,
“por lo cual se nos solicitó realizar otro más avanzado”.
En otra
nota, dirigida el 21 de diciembre a la ministra de Seguridad
Nilda Garré, que había asumido el cargo cinco días antes, Vilma
Martínez le informó que Alak había aprobado la realización del
curso y que para dictarlo llegarían doce “expertos militares
estadounidenses”.
Cursos
similares se realizaron en 1997 y 1999, bajo la presidencia de
Carlos Menem, y 2002, durante los meses en que el ex senador
Eduardo Duhalde cumplió un interinato a cargo del Poder
Ejecutivo.
No los
hubo durante el gobierno de Néstor Kirchner y se reanudaron en
2009, bajo el actual gobierno.
El nuevo
curso, de cinco semanas, estaba programado para agosto de 2010,
pero debió postergarse por un episodio similar.
En aquel
momento fue la embajadora Vilma Martínez la que se negó a
recibir el cargamento porque la numeración de las armas no
coincidía con la del listado previo, lo cual muestra los
conflictos que esta práctica produce dentro del propio gobierno
estadounidense.
“Esto es
una vergüenza”, dijo entonces Martínez, antes de devolver la
carga a North Carolina.
Por orden
de la presidente CFK, funcionarios de la Cancillería y de los
ministerios de Planificación Federal y de Seguridad, de la AFIP
y de la Aduana supervisaron el procedimiento.
Luego se
sumaron técnicos de los ministerios de Salud y del Interior.
Los
muchachos de la valija
En su
libro ya clásico The Mission. Waging War and Keeping Peace with
America’s Military, publicado en 2003, la periodista del diario
The Washington Post Dana Priest describió la dramática primacía
del Pentágono en la formulación y ejecución de la política
exterior estadounidense.
Con más
de un millar de personas, el Comando Sur supera la cantidad de
especialistas en América Latina de las Secretarías de Estado, de
Defensa, de Agricultura, de Comercio y del Tesoro sumadas. Este
desequilibrio no ha cesado de crecer y Estados Unidos intenta
exportarlo a los países bajo su influencia, que son casi todos.
Como ya había caído la noche del jueves, Cristina ordenó
precintar la valija y reanudar la tarea al día siguiente, para
lo cual dispuso que la Cancillería y el ministerio del Interior
enviaran al lugar personal técnico capacitado para entender de
qué se trataba.
Durante
seis horas del viernes, varios de los marines de los Estados
Unidos se sentaron en forma rotativa sobre la valija, lo cual
sugiere la importancia que le asignaban a su contenido.
Según los
estadounidenses se trata de software y material sensitivo para
la seguridad.
Un
coronel dijo que no debía abrirse a cielo abierto porque podría
revelar secretos a los satélites que sobrevolaran en ese
momento.
El avión
también contenía una caja con merchandising para regalar a los
policías argentinos, que incluía gorras, chalecos y otras
baratijas.
El
canciller Héctor Timerman permaneció casi todo el día en el
aeropuerto, junto con el secretario de transporte Juan Pablo
Schiavi, en cumplimiento de instrucciones presidenciales, junto
con personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, de la
Aduana y de la AFIP y con los principales directivos de las
direcciones de Informática, de Tecnología y Seguridad y de
Sistemas del ministerio del Interior.
También
intervinieron dos inspectoras del Instituto Nacional de
Medicamentos (Iname) y la Administración Nacional de
Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat).
Tomó
intervención el juez en lo penal económico Ezequiel Berón de
Estrada.
La
embajada retiró del aeropuerto a su personal jerárquico y se
negó a consentir la apertura de la valija.
Luego
de un día completo de tira y afloje, Timerman informó que usaría
sus facultades legales para abrirla.
Lo
acompañaba la oficial principal Patricia Adrianma Rodríguez
Muiños, de la sección Importaciones de la Policía Federal, a la
que estaba dirigida la carga.
Al
comprobar la decisión oficial de proseguir, y vencido el plazo
final de una hora que fijó Timerman, la embajada pidió diez
minutos de prórroga hasta el arribo a Ezeiza de la jefa de
prensa, Shannon Bell Farrell.
Tanto
ella como el agregado Stephen Knute Kleppe dijeron que no tenían
la clave del candado, por lo que Timerman dispuso que la Aduana
lo cortara con un alicate.
Cuando ello ocurrió, en la tarde del viernes, aparecieron
equipos de transmisión, mochilas militares, medicamentos que
según los funcionarios estaban vencidos,
pen drives,
sobre cuyo contenido deberán dictaminar los expertos, y drogas
estupefacientes y narcóticas y estimulantes del sistema
nervioso.
Entre el
material había tres aparatos encriptadores para comunicación.
Dentro de
la valija secreta también apareció un sobre supersecreto, de
tela verde.
Como el
personal de la embajada dijo que no tenía la llave del sobre,
también fue abierto por medios expeditivos.
En su
interior se hallaron dos pen drives rotulados “Secreto”, una
llave I2 de software para información; un disco rígido también
marcado como “Secreto”.
Códigos
de comunicaciones encriptadas y un gracioso folleto traducido a
quince idiomas, con el texto: “Soy un soldado de los Estados
Unidos. Por favor, informe a mi embajada que he sido arrestado
por país”.
Ninguno
de esos materiales coincide con las especificaciones que la
embajada envió a la Cancillería sobre la índole del curso que
debía impartirse para el rescate de rehenes.
Luego de
presenciar esos hallazgos, los funcionarios de la embajada
decidieron retirarse, pese al pedido oficial para que
permanecieran allí, y no firmaron el acta.
El jueves
el coronel Alcott dijo que no sabía que algo similar hubiera
sucedido en ningún lugar del mundo. Las armas y la valija no
declarada fueron requisadas y mañana lunes 14 continuará la
verificación de su contenido.
Por
ejemplo, los antibióticos, antihistamínicos, complejos
vitamínicos, protectores solares y hormonas hallados, estarían
vencidos según la información de sus envases. Pero el gobierno
quiere verificar si se trata de los medicamentos que dicen los
envases y si es cierto que están vencidos.
El resto
del material, que coincidía con la declaración previa fue
transportado en un flete de la embajada hasta la sede de la
Policía Montada en la calle Cavia.
Al cierre
de este artículo fuentes de la embajada dijeron que en
Washington se estaba preparando un documento con la posición
oficial y que consideraban que el entrenamiento sería
suspendido.
El
Departamento de Estado citó al embajador argentino Alfredo
Chiaradía y le expresó su “sorpresa” por el procedimiento ya que
“Estados Unidos desea mantener relaciones amistosas con la
Argentina”.
Curiosa
forma de lograrlo.
Cualquier
argentino, civil o militar, que intentara ingresar armas y
drogas no declaradas a los Estados Unidos iría preso en forma
inmediata.
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