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Uno de los represores
responsables del asesinato del escritor y militante argentino
trabajó en una multinacional minera Resumen Latinoamericano/Tiempo
Argentino - Rubén Osvaldo Bufano, ex integrante del Batallón 601
y acusado de ser uno de los responsables del secuestro y
desaparición del escritor Haroldo Conti, coordinó las tareas de la
seguridad privada de la Barrick Gold en el yacimiento Veladero, en
la provincia de San Juan, a partir de 2006, confirmaron fuentes
sindicales y profesionales de aquella capital cuyana. Hoy, el ahora
empresario del rubro intenta obtener una cátedra sobre “inteligencia
y seguridad” en la Universidad Católica de San Juan, según confiaron
militantes de Derechos Humanos.
El
reciclaje de Bufano, también acusado de haber participado en la
llamada Masacre de Fátima, en Pilar, provincia de Buenos Aires, se
inscribe en la lógica de la policía particular de la multinacional
minera que, en estos días, volvió a ser denunciada por “perseguir” y
“escuchar los llamados telefónicos” de los ambientalistas de la
Unión de Asambleas Ciudadanas.
Ramón
Gómez Medero, integrante de la Unión de Asambleas Ambientales de San
Juan, sostiene que “la cuestión de la policía privada de la Barrick
es un secreto que circula. En realidad, la mano de obra barata y
sucia que trabaja para la empresa es la mismísima policía
provincial. Pero el trabajo del seguimiento, las escuchas y las
amenazas contra nosotros proviene de este tipo de expertos.” Agrega
que, cuando se hacían las movilizaciones en contra de las mineras a
cielo abierto, Barrick tenía su oficina en pleno centro sanjuanino.
“Desde allí hemos visto personas muy altas y rubias que no eran de
acá y que formaban parte de esa seguridad privada. Los informes que
nosotros tenemos nos dicen que se trata de hombres que formaron
parte de conflictos bélicos internacionales, más precisamente que
estuvieron en la guerra de Irak. Parece una película de ciencia
ficción pero no lo es”, dice Ramón.
Gómez
Medero explica que “el llamado D-2 de la policía provincial le sirve
a la minera, es decir que la seguridad pública está al servicio de
la transnacional, pero este es un esquema que no sólo se da en San
Juan, si no también en Catamarca, Chile y Perú donde recientemente
se hizo una película al respecto que se llama Operación Diablo”.
Para el
militante, fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos de la capital cuyana, Eloy Camus, también autor del libro
Historia de víctimas del terrorismo de Estado. San Juan, Argentina,
Bufano llegó a la ciudad de la mano de Jorge Escobar, “el Fujimori
de Menem, empresario exitoso que iba a generar un buen gobierno. En
ese momento junto a un cabo del Ejército, Obredor, Bufano fundó OVYS
y con esta empresa de seguridad empezaron a recibir los beneficios
del gobierno de Escobar, que le daba a proteger las empresas del
Estado, las privatizadas y de algunos sanatorios, como ADOS, entre
otros establecimientos. Bufano está apañado por ese poder menemista
que existe todavía en San Juan”. Y agrega que Bufano “camina
libremente por las calles de San Juan como si fuera un señorón a
pesar de que muchos sabemos de su pasado. Por eso es fundamental
seguir profundizando la democracia para perder el miedo y recuperar
nuestra dignidad. No es casualidad que se reciclen represores para
reciclar aparatos represivos. Es vital seguir adelante con la
reconstrucción de la memoria y también es necesario poner en
cuestionamiento al poder judicial que se hace el bobo ante estas
situaciones impunidad.”
La
presencia de Bufano en los planteles de seguridad privada de la
Barrick reactualiza la historia de La Forestal, otra transnacional
dedicada a la explotación de los recursos naturales, que durante los
años veinte del siglo pasado armó a su propia policía, la
“gendarmería volante”, también llamada “Los Cardenales”, con el
apoyo del gobierno de Santa Fe.
La
Barrick tiene el nombre comercial de Minera Argentina Gold. En 2009
facturó 2200 millones de pesos, a razón de $ 4243 por minuto,
colocándose en el puesto 71 entre las 1000 empresas que más venden
en el país.
El
secuestro de Conti
En el
informe Nunca Más, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de
Personas, se lee parte del legajo 77 que refiere a la detención de
Haroldo Pedro Conti, autor de Sudeste, En vida, Alrededor de la
jaula y la célebre Mascaró. El 4 de mayo de 1976 “fue aprehendido
cuando retornaba a su domicilio de Capital Federal a medianoche,
junto a su compañera Marta Beatriz Scavac Bonavetti y el bebé de
ambos. Allí tenía que aguardarlos un amigo. Al arribar a la
vivienda, el amigo se encontraba ya maniatado, había un grupo de
individuos vestidos de civil, quienes golpearon brutalmente a la
pareja y la encerraron allí mismo, mientras se peleaban por el
reparto del botín: los sueldos de ambos, percibidos esa mañana,
efectos patrimoniales de toda naturaleza, dejando escasamente los
muebles de gran tamaño. Robaron los originales de todas las obras de
Conti y documentación personal”, sostiene el documento.
Más
adelante, el informe expresa que “los diarios de fecha 13 de
noviembre de 1982 dieron cuenta de la detención, en la ciudad de
Ginebra, Suiza, de tres argentinos, quienes declararon pertenecer a
grupos secretos de represión política, autores de secuestros
extorsivos cuyos rescates cobrarían en aquel país donde resultaron
aprehendidos y que manifestaron estar en condiciones de proveer
información sobre el destino de Conti”. En base a las fotografías
“difundidas en su momento de los individuos detenidos en Suiza
(Bufano, Martínez y otros), la señora Scavac reconoció que el
“amigo” que se hallaba en el domicilio antes de que llegaran las
fuerzas que capturaron a Conti y que decía llamarse Juan Carlos
Fabiani (quien había concurrido a casa de Conti una semana antes del
secuestro solicitando asilo por sentirse perseguido por la policía a
causa de su militancia política), era el detenido Rubén Osvaldo
Bufano –perteneciente, según sus declaraciones, al Batallón 601 del
Ejército–. Los hijos de Conti –Marcelo Haroldo y Alejandra– del
primer matrimonio, también reconocieron dichas fotografías, ya en
sede judicial, como pertenecientes al ‘amigo’ a quien veían en la
casa de su padre cuando le efectuaba visitas…” “En seguridad y en
inteligencia, a mí el Ejército argentino me formó muy bien. Yo le
debo todo lo que sé, le debo toda mi vida. Renegar de ese pasado
sería renegar de mi vida”, dijo Rubén Osvaldo Bufano al Diario de
Cuyo, el jueves 22 de agosto de 1996.
Aquella
declaración fue consecuencia de la denuncia que hiciera el entonces
diputado nacional por el socialismo, Alfredo Bravo, sobre la
actividad del represor en democracia a través de su empresa Oeste,
Vigilancia y Seguridad (OVYS) que prestaba sus servicios a la
Asociación de Obras Sociales (ADOS) y a Edessa, la firma que se
había quedado con la privatización del suministro de electricidad en
la provincia de San Juan en tiempos del gobierno de Jorge Escobar.
“Bufano
fue la cara visible de la empresa OVYS en los ’90. Esa firma
custodió el sanatorio Almirante Brown el día que la psicóloga María
Rosa Pacheco de Balamaceda fue vista por última vez. Ella
desapareció el 2 de junio de 1996”, escribió el periodista Daniel
Tejada en el Diario de Cuyo. Dos meses después, llegó el repudio
público de Bravo a la presencia de Bufano.
El 24
de junio de 2004, la cara del secuestrador volvió a aparecer en el
diario. Se pedía su captura como presunto partícipe de la llamada
Masacre de Fátima, producida el 20 de agosto de 1976, cuando 30
personas alojadas en la Superintendencia de Seguridad Social de la
Policía Federal fueron trasladadas en camiones y en un punto de la
Ruta 8, a la altura del kilómetro 62, en un paraje conocido como
Fátima, en el partido bonaerense de Pilar, las fusilaron. El caso
estaba siendo investigado por el juez federal Rodolfo Canicoba
Corral. En junio de 2004, entonces, ordenó la detención del agente
del 601. Pero la causa tampoco prosperó.
El
presente dorado
Por
vericuetos judiciales, Bufano gambeteó la causa, siguió en libertad
y de regreso a San Juan encontró un buen puesto laboral: se
convirtió, a través de la empresa Custo, en uno de los responsables
de la seguridad privada de la Barrick Gold, que en octubre de 2005
había iniciado la explotación del yacimiento de oro, plata y cobre
de Veladero, a 4000 metros de altura. El dato fue confirmado por
dirigentes de la Asociación Obrera Minera de la Argentina,
delegación San Juan y por profesionales de la ciudad y la región del
noroeste argentino.
Tres
empresas de seguridad privada son las que prestaron sus servicios a
la poderosa Barrick: Custo, Prosegur y la actual El Guardián, a
cargo del ex policía provincial Raúl Morán. “Custo
era una empresa que decía venir de Suiza. Allí, una de las personas
que manejaba todo era Bufano. Lo conozco muy bien”, dijo un
dirigente de la Asociación Obrera Minera de San Juan a este
cronista. Para cerciorarse del dato llamó a otro ex integrante de
una fuerza de seguridad, también vinculado a la seguridad privada de
la minera canadiense. Y es curioso, porque Bufano estaba en Suiza
cuando fue detenido en 1982 y donde otros sobrevivientes de la
dictadura también lo reconocieron como un infiltrado en distintas
organizaciones políticas que trabajan desde el exilio.
Profesionales que hoy trabajan en la capital sanjuanina y en el
noroeste argentino reconocieron al imputado de haber participado en
el secuestro de Haroldo Conti como uno de los principales
coordinadores de la seguridad privada de la Barrick en el yacimiento
de Veladero.
Según
el ex legislador provincial Diego Seguí, “cuando cualquiera quiere
ir por el camino minero, o la llamada servidumbre minera, no lo
puede hacer, porque la empresa de seguridad privada de la Barrick
impide el paso. Viene una requisa minuciosa y sólo se puede pasar si
la autorización proviene de la empresa cuya sede no está en el cerro
sino en la ciudad capital a casi 150 kilómetros de distancia. Ese es
un camino provincial pero el control lo tiene la empresa.”Agrega que
durante 2009 se llevó adelante una causa judicial que investigaba el
origen de camionetas 4x4 que se vendían en Mendoza a precios
extraños. “En realidad se trataba de vehículos robados, reducidos y
que luego se rearmaban para ser vendidos en la provincia vecina. La
investigación determinó que el origen de este material era el
yacimiento de Veladero. Pero la justicia no llegó a nada, porque
cuando la jueza que llevaba adelante la investigación quiso acceder
al establecimiento, la seguridad privada de la firma no la dejó
entrar. Es decir, un poder por encima de la propia justicia
provincial. Fue un escándalo, pero no pasó más nada”, agregó Seguí.
El
periodista del diario Huarpe, Ernesto Simón, dice que no se
sorprendería si reaparece Bufano como jefe de seguridad de la
Barrick. “Recuerdo que Bufano era propietario de dos estaciones de
servicio Raza, en pleno centro sanjuanino. También es conocida su
participación en los sucesos relacionados con la desaparición de la
psicóloga Pacheco. El problema es que Bufano actúa detrás de alguna
otra persona, porque sabe que su pasado se conoce. Debe andar bien
camuflado”, apunta.
La
jueza de ejecución penal de la provincia, Margarita Camus,
integrante del Centro de Estudios Legales y Sociales, señala: “Hace
más de cuatro años que pedí informes sobre las causas judiciales que
lo involucran a Bufano y para mi sorpresa saltó que la orden de
detención que se había librado en su contra estaba sin efecto”. Dice
que el reciclaje de Bufano se dio a través de la agencia de
seguridad OVYS, la protección de los sanatorios y clínicas como ADOS
y que su nombre volvió a estar sobre el tapete con la desaparición
de la psicóloga Pacheco. “Una mujer que trabaja con chicos que
sabían del negocio del narcotráfico acá en San Juan. Bufano fue
investigado, la causa quedó en nada y realmente tuvo ribetes
escandalosos. Lo que tiene que quedar claro es que toda esta gente
siguió haciendo lo que hacía antes. Ninguno de ellos se puso un
comedor…”, ironiza Camus.
Mientras la minera factura más de 4200 pesos por minuto, Bufano,
experto en seguridad e inteligencia, camina con tranquilidad por las
calles céntricas de San Juan. Sabe que la multinacional está
custodiada por expertos muy parecidos a él mismo. |