Ante criminal campaña de montajes mediáticos de inicios
de año, organizados y proyectados por los asesores e
instigadores del paramilitarismo en Colombia. dhColombia se
permite re-publicar un articulo de fecha 20 de febrero 2010, que
explica la tragedia de las comunidades negras y campesinas que
se han organizado autónomamente en: Comunidades de Paz, Zonas
Humanitarias o de Biodiversidad; a fin de defender sus derechos
y su permanencia en el terriotorio.
Contornos de la muerte en el Bajo Atrato y Urabá
"Los ataques a las Zonas Humanitarias y de Biodiversidad y a
sus acompañantes, han llegado al extremo de considerar las
vallas o cercos, confeccionados con humildes cuerdas de
plástico o alambre que delimitan los espacios de protección
, como “campos de concentración”. ¿Pretenden, entonces, que
se deje libre acceso a los espacios a todas las bandas
armadas que los han masacrado y perpetrado contra ellos todo
tipo de crímenes? La sabia respuesta de un afrodescendiente
a un funcionario del Gobierno que cuestionaba los
“encerramientos”, hacía ver que eso lo habían aprendido del
mismo Gobierno, pues cuando venían a reuniones en sus
oficinas en Bogotá, encontraban todo tipo de puertas y
obstáculos que era imposible atravesar sin numerosos
permisos, tarjetas magnéticas, tomas de fotografías y de
huellas etc., y eso que el Gobierno cuenta con los medios
más poderosos de protección. De allí que cuestionar una
humilde alambrada que al menos le haga caer en cuenta a
quien la viola que está pisoteando unos derechos colectivos,
no tiene justificación alguna y más bien constituye un apoyo
a los perpetradores de crímenes y una apología de la
indefensión de las poblaciones más vulnerables."
Contornos de la muerte en el Bajo Atrato y Urabá
Viernes 14 de enero de 2011,
por
dhcolombia
El 18 de diciembre de 2009
fueron asesinados, a pocos minutos del área urbana
de Carmen del Darién, Chocó, los líderes
afrodescendientes MANUEL MOYA LARA y GRACIANO
BLANDÓN, junto con un hijo de éste último, de 22
años. Pocas horas después, varias redes de Internet
y un reconocido círculo de columnistas, empresarios,
agentes y ex agentes del Gobierno muy cercanos al
Presidente Uribe, miembros de las fuerzas armadas
retirados, algunos funcionarios del Estado y un
amplio entramado paramilitar, se concertaron en una
campaña de difamación y de horrendas calumnias
contra los suscritos. El eje de su campaña apuntaba
a atribuirnos la responsabilidad directa o mediada
en el crimen y a impulsar un movimiento de opinión
con miras a deslegitimar nuestro acompañamiento a
las comunidades del bajo Atrato y de Urabá y a
unificar estrategias mediáticas, judiciales y
militares para impedir en adelante cualquier
presencia o apoyo nuestro en la región.
La circunstancia de que
múltiples veces habíamos censurado los
comportamientos de los dos líderes sacrificados y de
otros que actuaron junto con ellos y ahora recogen
sus banderas, la toman como argumento ciego para
deducir de allí nuestra participación o complicidad
en el crimen y a la vez para legitimar veladamente
sus intereses económicos, políticos y militares en
la región o para deslegitimar los de las comunidades
que hemos apoyado y acompañado.
Si bien cualquier persona
sensata percibe la irracionalidad y perversidad de
tal procedimiento, el manejo emotivo y la
manipulación mediática que se le ha dado al crimen,
llevan a crear un pantano emocional que resulta
defendiendo lo indefendible con medios
inconfesables. Uno de los llamados líderes , ADÁN
QUINTO, afirmaba en una entrevista manipulada por el
ex Ministro FERNANDO LONDOñO HOYOS, en Radio Super,
el pasado 21 de diciembre: “si el gobierno no le
para bolas al asunto y no sacan a esas ONG de allá,
nosotros las vamos a sacar así sea a tiros. Pocas
semanas antes, los paramilitares que controlan el
bajo Atrato desde San Pedro de Urabá, nos habían
declarado “objetivo militar”.
El lenguaje de quienes se han
expresado al respecto por los medios masivos, como
José Obdulio Gaviria, Fernando Londoño Hoyos, Rafael
Nieto Navia, Raúl E. Tamayo, Fernando Vargas y los
editorialistas de El Mundo, entre otros, está
saturado de falsedades y manipulaciones, y el de
aquellos que se expresan por páginas web o redes de
facebook recurre a la injuria moral en sus más
bajas, sucias e infames expresiones y estrategias.
No ignoran ellos que lo que ha motivado nuestro
acompañamiento a esas comunidades de víctimas del
bajo Atrato y de Urabá ha sido nuestra
identificación con los valores de la humanidad en
los derechos humanos, y con los principios
cristianos de defensa de la vida, de la verdad, de
la justicia y de la solidaridad, y por ello buscan
ofendernos en lo más íntimo y sagrado de nuestra
identidad moral, al insinuar que pudimos ser
cómplices de un asesinato; que pudimos tener la
capacidad de “amenazar de muerte” a alguien; o que
nuestra presencia en la zona ha buscado “robarle las
tierras a las comunidades negras” o someter a esas
poblaciones a regímenes de opresión y dominación, o
manipular o tergiversar la verdad de lo que ha
ocurrido allí, o recaudar fondos en medios
internacionales para beneficio propio, o apoyar
grupos o estrategias armadas en la región. No hay
palabras para calificar tanta bajeza e ignominia.
Aunque ellos saben bien que
todas estas acusaciones riñen radicalmente con
nuestros principios; que ninguno de nosotros sería
capaz moralmente de actuar en complicidad con
cualquiera de esas conductas y que jamás encontrarán
prueba alguna para sustentar tales ignominias,
buscan justamente ofender nuestra dignidad más
sagrada, empañar nuestra imagen más auténtica y
pisotear nuestros valores más cultivados y
defendidos. Lo hacen con cruel y perversa audacia,
apoyándose en el respaldo que han encontrado en
ciertos poderes económicos, estatales y mediáticos,
con el evidente propósito de hacernos renunciar al
acompañamiento a las víctimas, a la denuncia de las
atrocidades que con ellas se cometen e incluso a las
medidas cautelares o provisionales que hemos logrado
para ellas en el sistema interamericano de derechos
humanos. Pero si quieren separarnos de las víctimas
y desprestigiarnos ante ellas, es para suprimir los
obstáculos que su estrategia ha encontrado para
implantarse en la región.
Ante todo condenamos
radicalmente el asesinato de estos líderes y una vez
más afirmamos que nuestro acompañamiento y nuestro
respaldo a las Zonas Humanitarias y Zonas de
Biodiversidad, se centra en la defensa de la vida y
jamás consiente con ninguna forma de muerte. Por
ello hemos censurado y denunciado siempre las
acciones de la insurgencia que buscan solucionar
conflictos o castigar delitos mediante la
eliminación de personas o amenazas de atentar contra
su vida o integridad. Pero tampoco la muerte de
estos líderes puede convertirse en un chantaje para
llevarnos a aprobar sus comportamientos o sus
estrategias perversas en la región.
Si bien estos asesinatos se
han atribuido a la guerrilla de las FARC, no deja de
generar preguntas el que hayan sido asesinados en un
espacio completamente controlado por el
paramilitarismo y la fuerza pública. Algunas
informaciones que poseen funcionarios públicos
incluso indican, que estas 3 personas avanzaban
hacia una cita con las FARC en el momento en que
fueron asesinados. Nos preguntamos si su búsqueda de
diálogo con las FARC podría estar relacionada con
sus recientes críticas a órganos del Estado que no
los apoyaban incondicionalmente, críticas que
salen a la luz en las mismas
entrevistas manejadas por el ex Ministro LONDOñO
HOYOS.
Quienes, de entre los
firmantes, hemos mantenido un acompañamiento más
permanente a las Zonas Humanitarias y de
Biodiversidad del Cacarica, el Jiguamiandó y el
Curvaradó, desde la estructura de la Comisión de
Justicia y Paz, no llegamos allí por propia
iniciativa sino por petición apremiante de las
víctimas. Nuestro primer contacto con ellas se dio
en el contexto del desplazamiento brutal producido
por la “Operación Génesis” en febrero y marzo de
1997. Entre los muchos miles de desplazados que
llegaron a Turbo, decidimos acompañar
prioritariamente a quienes querían a toda costa
retornar a sus tierras, pues varios millares
cedieron al terror y decidieron no volver jamás a
esas tierras. La opción del retorno la consideramos
más justa y nuestro apoyo a esa franja de
desplazados respondía también a la gran limitación
de nuestros recursos.
Sólo varios años después,
cuando se iniciaron tímidamente los retornos,
pudimos comenzar a comprender qué motivaciones había
detrás de la Operación Génesis y otras operaciones
militares, tan saturadas de crímenes de lesa
humanidad. Al encontrar las aldeas destruidas y los
campos todos sembrados de palma aceitera o inundados
de motosierras para extracción de maderas, o con
infraestructura para el banano por parte de empresas
que contaban con pleno respaldo del Gobierno, de los
militares y de los paramilitares, comprendimos la
motivación de tan horrendo genocidio. Hoy día,
cuando en el mar de impunidades se juzga al General
Rito Alejo Del Río por uno de los crímenes más
impresionantes de la Operación Génesis, como fue
cortarle la cabeza a Marino López y jugar fútbol con
ella, los abogados del General insisten en solicitar
declaraciones del Presidente Uribe y del ex
Presidente Samper, pues afirman que el General actuó
en constante coordinación y comunicación con el
entonces Gobernador de Antioquia Álvaro Uribe Vélez
y de la
misma tuvo
conocimiento el mandatario liberal.
La estrategia del retorno, que
quisimos acompañar y lo hemos hecho dentro de
nuestras enormes limitaciones y riesgos, nos fue
revelando unas estrategias contrarias que se
apoyaban en altos poderes. Empresarios madereros y
palmeros decidieron cooptar, mediante el soborno, a
los verdaderos dueños de las tierras, sobre todo
luego de lograr el reconocimiento de los consejos
comunitarios del Cacarica, el Jiguamiandó y el
Curvaradó, de acuerdo con la Ley 70 de 1993,
mediante títulos colectivos otorgados en el año 1999
y 2000.
Ya desde los refugios de
desplazados de Turbo, la Comunidad del Cacarica
comenzó a descubrir que su primer representante
legal, ADÁN QUINTO, aceptaba donaciones de la
empresa Maderas del Darién y usaba para beneficio
propio los escasos recursos de la comunidad, lo que
produjo su sanción y destitución y su fuga a
trabajar por los intereses de dicha empresa. Algo
similar hicieron los palmeros en el Curvaradó al
cooptar a MANUEL MOYA, quien usurpó el cargo de
representante legal de su Comunidad cuando ya se lo
habían retirado, para firmar actas de compromiso con
Urapalma y otras empresas palmeras, entregándoles en
usufructo los territorios que eran del Consejo
Comunitario, conducta que le acarreó incluso una
orden de captura y semanas de prisión. También en el
Jiguamiandó los empresarios cooptaron a GRACIANO
BLANDÓN, quien comenzó a convocar a desplazados no
retornados para disputarle la legitimidad al Consejo
Comunitario del Jiguamiandó, en estrecha unidad de
intereses con empresariales y militares.
La Comisión de Justicia y Paz
consideró como injustas y perversas las estrategias
de los empresarios para apoderarse del territorio
recién recuperado y titulado de las comunidades
afrodescendientes, estrategia que además era
violatoria de la Constitución y las leyes y
desconocía los derechos, tradiciones y cosmovisiones
étnicas de esas poblaciones.
Con apoyo de abogados, se
acudió a la justicia para defender los derechos de
las víctimas y se logró demostrar, con verificación
de organismos del mismo Estado como el INCODER, que
el 93% de las tierras ocupadas por los empresarios
pertenecían a territorios comunitarios que no eran
susceptibles de enajenación mercantil. A pesar de la
corrupción de los poderes judiciales locales, la
Corte Constitucional logró, a base de revisión de
tutelas, ordenar la devolución de los territorios a
los consejos comunitarios, por fallo del tribunal
del Chocó, lo cual aún no se ha producido. Esto
explica que el círculo de líderes sobornados por los
empresarios, junto con los núcleos poblacionales que
ellos han logrado vincular a su política, hayan
emprendido una campaña tan enconada, infame y sucia
contra organizaciones como la Comisión de Justicia,
Brigadas Internacionales de Paz, la organización
canadiense PASC, el Movimiento Nacional de Víctimas
de Crímenes de Estado y las comunidades religiosas
que han acompañado intermitentemente los procesos de
retorno. Su lenguaje emocional y sucio no tiene
ningún sustento legal ni ético; cualquiera que
examine sin prejuicios la justeza de su estrategia y
la de las comunidades originarias que han retornado
y defienden la autonomía de sus territorios, para lo
cual han solicitado nuestro acompañamiento, no
dudará en censurar la estrategia de los empresarios
y de sus sobornados líderes, como algo radicalmente
anti-ético, ilegítimo e ilegal.
Los ataques a las Zonas
Humanitarias y de Biodiversidad y a sus
acompañantes, han llegado al extremo de considerar
las vallas o cercos, confeccionados con humildes
cuerdas de plástico o alambre que delimitan los
espacios de protección , como “campos de
concentración”. ¿Pretenden, entonces, que se deje
libre acceso a los espacios a todas las bandas
armadas que los han masacrado y perpetrado contra
ellos todo tipo de crímenes? La sabia respuesta de
un afrodescendiente a un funcionario del Gobierno
que cuestionaba los “encerramientos”, hacía ver que
eso lo habían aprendido del mismo Gobierno, pues
cuando venían a reuniones en sus oficinas en Bogotá,
encontraban todo tipo de puertas y obstáculos que
era imposible atravesar sin numerosos permisos,
tarjetas magnéticas, tomas de fotografías y de
huellas etc., y eso que el Gobierno cuenta con los
medios más poderosos de protección. De allí que
cuestionar una humilde alambrada que al menos le
haga caer en cuenta a quien la viola que está
pisoteando unos derechos colectivos, no tiene
justificación alguna y más bien constituye un apoyo
a los perpetradores de crímenes y una apología de la
indefensión de las poblaciones más vulnerables.
Pero nos llama la atención que
todo el lenguaje de infamias y calumnias de quienes
han aprovechado el asesinato de MOYA y BLANDÓN para
atacar a las comunidades retornadas y a sus
acompañantes, aparece envuelto en protestas que
trascienden la problemática del bajo Atrato y de
Urabá y se articula a movimientos, ideologías
políticas y causas que hacen apología del
autoritarismo, del militarismo, de formas de
represión extrema y de impunidad para sus autores;
de estrategias económico políticas que favorecen a
las capas más poderosas. En efecto, en sus
comunicados y protestas rechazan los procesos
judiciales contra los generales RITO ALEJO DEL RÍO y
JAIME HUMBERTO USCÁTEGUI, acusados de graves
crímenes de lesa humanidad; el del Coronel PLAZAS
VEGA, acusado de desapariciones, torturas y
ejecuciones en la retoma del Palacio de Justicia; se
dice que “al Ejército lo tienen amarrado” y se
reivindican como “anticomunistas” que luchan contra
un “terrorismo humanitario” o contra “ONGs
esclavistas” o contra “verdugos de los negros”.
Algo aún más preocupante es
que el Senador VÍCTOR VELÁSQUEZ REYES, presidente de
la Comisión de derechos Humanos del Senado, haya
acogido sin discernimiento ni investigación alguna
las calumnias presentadas por los sobornados
líderes, en un foro organizado por él el pasado 2 de
diciembre en el recinto del Congreso, calumnias que
le sirvieron de base a su pronunciamiento frente al
asesinato de los líderes el 19 de diciembre. Tan
falseada es la información que ha asimilado el
parlamentario, que le atribuye el desplazamiento
masivo de esas comunidades en 1997, no a la
Operación Génesis, sino a las FARC y a las ONG que
entraron en relación con ellas después del
desplazamiento.
Los comunicados también
revelan con gran nitidez que quienes se apuntalan en
el oscuro asesinato de estos afrocolombianos para
atacar a las comunidades autónomas y a sus
acompañantes, se inscriben dentro de una estrategia
que identifica a todas luces a este Gobierno:
deslegitimar y estigmatizar a las comunidades de
paz, zonas humanitarias y a sus acompañantes,
haciéndolos aparecer ante la opinión pública en
estrecha relación con la guerrilla, como única vía
seudo legal para atacarlas, sirviéndose de
“testigos” y pruebas falsas.
Tal ha sido su estrategia
contra la Comunidad de Paz de San José de Apartadó,
similar a lo que ha sucedido con las Zonas
Humanitarias de Cacarica desde el 2001, y que ahora
se enfoca contra las Zonas Humanitarias del
Curvaradó, del Jiguamiandó, haciendo referencia al
falso testimonio del desertor de las FARC alias
“Samir”, cuyas calumnias, confeccionadas en la
Brigada 17, han sido difundidas por personajes muy
cercanos al alto Gobierno, como el ex Ministro
FERNANDO LONDOÑO, el ex asesor presidencial JOSÉ
OBDULIO GAVIRIA, los periódicos antioqueños El Mundo
y El Colombiano con varios de sus columnistas y
editorialistas, proyectando también las infamias a
la revista holandesa Vrij Nederland y al periódico
estadounidense Wall Street Journal a través de la
periodista que desconoce la ética periodística, Mary
O’Grady y la descontextualización de la información
presentada por el diario El Tiempo.
El rastreo de los usuarios de
facebook y de páginas web que sustentan los más
ofensivos y perversos ataques a nuestra dignidad y a
nuestros valores, nos han permitido percibir que a
tal estrategia gubernamental, que protege a grandes
empresarios palmeros y madereros, articulados a los
lógicas de operación multinacional, están integrados
reconocidos líderes paramilitares, como uno de los
fundadores del movimiento MORENA que se atribuyó el
genocidio del Magdalena medio en los años 80.
No podemos ocultar nuestro
dolor al ver pisoteada nuestra dignidad y nuestros
valores de manera tan vil y con el apoyo simultáneo
de fuerzas tan poderosas, algunas de las cuales
salen a la luz con algunas máscaras y otras actúan
coordinadamente desde las tinieblas. Sabemos, sin
embargo, que optar por las víctimas y por las
poblaciones más vulnerables dentro de un sistema
corrupto y violento, acarrea ese tipo de
sufrimientos. Continuamos afirmando, enfáticamente,
que las estrategias de empresarios, políticos,
militares y paramilitares, tendientes a dividir y
sobornar a las comunidades que han retornado al bajo
Atrato con la ilusión de recuperar sus territorios
colectivos y administrarlos de una manera autónoma,
ecológica y dentro de sus cosmovisiones ancestrales,
con el fin de implantar allí formas de explotación
anti-ecológica y anti-social al servicio de grandes
capitales, constituye una injusticia flagrante. Si
lo logran por la fuerza bruta y la perversidad
inconfesable de sus estrategias, lo hacen en
contravía de los principios éticos más universales,
y en nuestro contexto, en contravía de la
Constitución y de las leyes vigentes.
Llamamos una vez más a las
autoridades judiciales y administrativas a que
acaten las sentencias que obligan a devolver dichos
territorios a sus auténticos dueños, respetando los
títulos colectivos sancionados en el año 2000
acordes con la Ley 70 de 1993; a acatar las
resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos y las de la Defensoría del Pueblo, y a que
se abstengan de apoyar las estrategias de usurpación
de los territorios, de división de las comunidades
mediante la constitución de consejos paralelos
manipulados; de soborno de sus líderes; de control
paramilitar de la región; de desconocimiento de las
Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad
reconocidas por la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, y de las campañas de difamación y
estigmatización de las organizaciones acompañantes,
adelantadas por círculos de periodistas y ex
funcionarios de evidente y estrecha relación con el
alto Gobierno.
Javier Giraldo M., S.
J., fundador y representante legal de la Comisión
Intercon-gregacional de Justicia y Paz entre 1988 y
1998; Director del Banco de Datos de Derechos
Humanos del CINEP, y miembro de la Comisión
Intereclesial de Justicia y Paz, de 2003 en
adelante.
Alberto Franco G.,
CSsR, Secretario Ejecutivo, representante legal de
la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz.
Danilo Rueda R.,
defensor de derechos humanos de la Comisión
Intereclesial Justicia y Paz
Abilio Peña B,
defensor de derechos humanos de la Comisión
Intereclesial Justicia y Paz
Iván Cepeda Castro,
Defensor de Derechos Humanos, integrante de la
Fundación Manuel Cepeda Vargas y del Movimiento
Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado.
Gloria Cuartas, Ex
alcaldesa de Apartadó y defensora de derechos
humanos.
Personas jurídicas o
colectivas señaladas o acusadas
Movimiento Nacional de
Víctimas de Crímenes de Estado.
Corporación Colectivo
de Abogados José Alvear Restrepo, Cajar.
Projet Accompagnement
Solidarité Colombie, PASC, Canadá
Bogotá D.C., Febrero 20 2010
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