Conclusiones del trabajo de universitarios franceses en nuestro país
La sociedad
Argentina ha sufrido ciertos periodos negros que el país atravesó y
quedan gravados en la memoria colectiva. Esos recuerdos alimentan hoy
las acciones sociales de los sujetos estudiados. Tres traumatismos
entre otros, se marcan causados por la historia reciente del país y
que vuelven sin cesar en las acciones de los actores de los
movimientos sociales.
·
El primero es la referencia constante a
los horrores vividos desde la ultima dictadura militar. Rápidamente
como hipótesis, podríamos decir que la dictadura ha desarticulado las
organizaciones sociales, reprimiendo y haciendo desaparecer los
actores sociales, implicados en la lucha de aquella época. Esta lucha
esta ligeramente disociada de esta que tiene curso actualmente.
·
El segundo es la huella dejada por la hiperinflacion. Esta ha habilitado
y legitimado en cierta medida los cambios estructurales y la
implementacion del modelo NEO LIBERAL. Basado en estos dos procesos la
desocupación puede leerse como el agravamiento de la fragmentación
social, con la dispersión y desarticulación de proyectos colectivos.
·
El tercero es el drama actual de las
fuertes tasas de desocupación, la perdida de trabajo ha producido un
fuerte proceso de privatización. Los actores que se encontraron en
esta situación carecen de medios de subsistencia. Cuestionan su
identidad social pero quedan fuera de las instituciones que
históricamente los han representado en el espacio político. El reverso
de estas privaciones ha sido la privatización del conflicto, un
problema estructural que se resuelve cada vez mas, individualmente.
Existe un denominador
común en todos estos casos. En uno y otro caso, ha estado favorecida
una tendencia centrifuga en la estructura social, que ha impuesto a
los actores nuevas representaciones sociales indicando en muchos casos
una reducción de las posibilidades.
Pero los piquetes son las
manifestaciones de un cambio en esta tendencia. Con ellos, aquello que
se presentaba como un problema individual se vuelve objeto de
manifestación colectiva. Si las formas subjetivas e identificatorias
se fueron escurriendo con la desocupación, existen esquemas nuevos que
crean lazos sobre nuevos soportes.
Es decir, que en un
contexto de creciente empobrecimiento, se generalizan nuevas
modalidades de practicas políticas que forman un espacio de
resistencia, pero también de construcción.
En este trabajo sobre las
transformaciones del peronismo de los años 90, Martuccelli Y Sumapa
utilizan la metáfora del lugar vacío para dar cuenta del proceso por
el cual el peronismo se constituye como hilo conductor entre dos
etapas de movilización política dando vuelta la tendencia original que
ha marcado la reivindicación de los sectores populares en Argentina
restituyendo a la esfera privada lo que había sido publico durante los
años 40.
Retomando esta imagen,
podemos afirmar que el lugar esta nuevamente lleno, no por obreros,
sino por desocupados y pobres que vienen a manifestar con sus mujeres
y niños. Si el hecho de apropiarse de un espacio publico ha estado
asociado a practicas históricas de manifestaciones y protesta, es
cierto que el sentido de este acto tiene nuevos significados.
De un lado, los sujetos
no son mas los mismos, su situación no es la de aquellos obreros
sindicalistas, las aspiraciones han cambiado y los tiempos de espera
se redujeron al mismo ritmo que el agravamiento de la crisis general
en la Argentina.
De otro lado, las maneras
de hacer política exigen nuevos repertorios y una organización que
rompe con los viejos mandatos en donde la legitimidad del
representante estaba validada mas por una lógica de corporación que
por los representantes.
En tercer lugar,
esos nuevos actores que han encontrado una legitimidad en el interior
del espacio publico a fuerza de presión, promueven una ruptura con las
antiguas leyes poniendo la hegemonía de los sindicatos y el peronismo
en las representaciones de los sectores populares.
En fin, estos
actores que han tomado la plaza de asalto modifican las normas de
socialización, creando en numerosos casos formas comunitarias nuevas.
Estas formas nuevas de relación entre los sujetos, son caracterizadas
por un fuerte componente basado sobre el valor de la solidaridad.
Así, se constituyen
estrategias de resistencia que van mucho mas allá del acto concreto de
cortar una ruta y que se extiende a la cotidaneidad adquiriendo un
anclaje a nivel local.
En efecto, mas que un
epicentro generados de políticas de opción, lo que se observa es una
multiplicación de espacios simbólicos de resistencia.
La crisis de
representación comprende muchas dimensiones que pueden estar
delimitadas a través de la identificación de al menos 3 aspectos:
·
El primero se refiere a la incapacidad de
los representantes de interpretar justamente las demandas de los
representados en un contexto.
·
El segundo se refiere a la emergencia de
las nuevas demandas que requieren una atención sostenida, a fin de
interpretar las nuevas manifestaciones que adquieren las pulsaciones
de los espacios colectivos que se generan y reconvierten en
permanentes.
·
El tercer aspecto es más complejo pues
pone en juego las propias formas de instruir y organizar la
representación.
Estos problemas que se
encuentran presentes detrás de las crisis de representación, son
reforzados cuando los propios sectores a los cuales pertenecen sufren
profundas modificaciones en la conformación de la identidad. ¿Cómo
representar aquello que no se percibe como tal?.
Los dirigentes sindicales
conocen bien este problema, dado que a medida que no supieron o no
pudieron modificar sus medidas de representación perdieron su
capacidad de dar votos a núcleos importantes de trabajadores que
quedaron fuera de la relación salarial clásica o sin empleo, es el
caso que nos interesa aquí.
Sin duda, toda crisis de
representación no implica en concomitancia una transformación de
identidades, unificando y marcando nuevos limites y dando nuevo
sentido a la propia existencia de cada uno de los integrantes.
Pero de otro lado, en
estos sectores, el lugar ocupado por la representación no es menor,
pero la discusión y puesta en practica de asambleas sobre modelos
horizontales, marca el punto de origen de estas construcciones de
identidad.
Hoy la relación entre
identidad colectiva y representación se encuentra mediatizada por la
política. A través de ella, en su dimensión publica y colectiva, los
actores se sitúan en la estructura social y promueven nuevos modos de
gestión de sus demandas.
La experiencia piquetera pero también aquella de
las Sociedades de Fomento, Juntas Vecinales, Federaciones de Entidades
de Fomento, demuestran que contrariamente a lo que pueden afirmar
distintos sectores de la sociedad, el problema no viene de la política
sino de su ineficiencia.-
22-03-07 PARIS
FRANCIA
romain.beniada@gmail.com
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