Federación de Entidades de Fomento y Organizaciones Libres del Pueblo de Quilmes

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Solo los hechos dan fe a las palabras

 

 

Foro de Libre Opinión

El Blog de las Entidades

 

Ante la presentación judicial de la Federación por los chicos desnutridos y la falta de compromiso del estado municipal, ejemplar castigo y sanción ordenó el Juez Federal Adolfo Gabino Ziulu contra la Municipalidad de Quilmes por su incumplimiento contínuo.

 

"La Plata, 16 de agosto de 2007…RESUELVO: "La Plata, 16 de agosto de 2007…RESUELVO: A.- Ordenar que dentro del plazo de cinco días, la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de Quilmes hagan entrega a los accionantes de la suma de $ 1.563,55 en forma mensual, o su equivalente en vales para poder adquirir los alimentos indicados en la presentación en proveimiento; todo ello bajo apercibimiento de proceder a trabar embargo por dicha suma en cuentas correspondientes a las obligadas, como también, de remitir las actuaciones al Juzgado Federal con competencia penal en turno de esta ciudad en los términos del art. 239 del Código Penal. B.-

Ordenar que por intermedio del hospital "Sor María Ludovica" se proceda a informar semanalmente el estado de salud de los menores en los términos vertidos en el punto IV del escrito en proveimiento; y con ello, dar acabado cumplimiento con lo ordenado por la Excelentísima Corte Suprema de Justicia de la Nación en su resolución de fs. 22 y vta. Notifíquese personalmente o por cédula y regístrese.

Fdo: Adolfo Gabino Ziulu. Juez Federal."

 

Desnutrición y Miseria

Se basaron en el fallo de la Federación por los desnutridos en Quilmes que condenó al municipio local

Después de doce muertes por desnutrición, la Corte ordenó al Gobierno que ayude a las comunidades tobas

El máximo tribunal exigió el inmediato suministro de agua potable, alimentos, medios de comunicación y transporte a todos los centros sanitarios de las comunidades, en la provincia de Chaco

 
Luego de la muerte por desnutrición de 12 aborígenes, en julio pasado, la Corte Suprema de Justicia ordenó al Gobierno nacional y a la provincia de  Chaco que informen sobre la situación de comunidades indígenas, en su mayoría tobas, que estén en situación de "emergencia extrema, con necesidades básicas y elementales insatisfechas".

El máximo tribunal del país también ordenó el inmediato " suministro de agua potable, alimentos y medios de transporte y comunicación adecuados para cada uno de los puestos sanitarios ubicados" en las regiones en crisis.

La decisión fue tomada en el acuerdo ordinario del tribunal, en el marco de un proceso iniciado por la Defensoría del Pueblo de la Nación, en representación de las comunidades indígenas.

Al tomar esta resolución, la Corte " consideró la gravedad y urgencia de los hechos denunciados", y destacó " la necesidad, sin perjuicio de lo que pudiere decidir en su oportunidad en relación a su competencia, de adoptar las medidas conducentes que tiendan a garantizar la eficacia de los derechos, y evitar que estos sean vulnerados".
 

http://www.perfil.com/contenidos/2007/09/19/noticia_0003.html 19 de septiembre 2007


 

Quilmes

TRES FALLOS ORDENARON DAR COMIDA
 

El día en que la Corte llegó a la villa


En sólo 32 minutos se une el Palacio de Justicia con La Matera, una villa de Solano, partido de Quilmes, con chicos desnutridos y madres que, para alimentarlos, golpean la puerta que haya que golpear. El trayecto es breve, pero los mundos que comunica son distintos. De un lado, zapatos lustrados, café caliente y calefacción. Del otro, pies descalzos, mate lavado y narices frías de chicos que esperan cualquier redención. Lo que no imaginaban Karina Rodríguez, Alejandra Quiñones y Karina Esquivel, es que la Corte Suprema de Justicia iba a construir un puente para ayudarlas: en tres fallos dictados entre marzo y julio pasados, el máximo tribunal del país ordenó al poder administrativo que asegurara la provisión de comida para las familias de esas mujeres y el seguimiento médico de los hijos en riesgo nutricional.

El miércoles, Clarín reunió a las tres mamás en el Centro Vecinal Analía, construido con paredes de telgopor y desbordado de parejas y chicos que tienen ahora la esperanza de respuestas similares. "Lo de la Corte fue una alegría, porque alguien nos escuchó y nos dio una respuesta", dice Karina Rodríguez, quien llegó a vivir con sus cuatro hijos en un colectivo oxidado. Cuando se conoció su caso, el Gobierno bonaerense y la Municipalidad de Quilmes le mandaron una casilla cada uno, lo que evidenció la falta de coordinación en la asistencia social.

"Desde el fallo, recibí dos cajas de comida y cuatro bolsones de pañales. Algo es algo, pero lo que me dan para un mes me alcanza para una semana: hoy me quedé sin nada fresco, sólo tengo un poco de azúcar y un paquete de harina", cuenta Alejandra Quiñones, que recibió cinco frazadas... para seis chicos. Una pediatra le firmó la orden para que los chicos sean revisados en Quilmes Oeste, pero Alejandra no tiene para tantos boletos de colectivo. Ningún fallo judicial solucionará su pobreza.

Hace frío en estas calles de tierra de San Francisco Solano. Por eso la pava nunca se calienta y los chicos moquean. Es cuando llega Karina Esquivel, sonrisa de oreja a oreja, poco tiempo para reportajes, porque tiene 12 chicos que atender. "Conseguí que me dieran comida para tres chicos, pero tengo a ellos y a cinco más en riesgo nutricional. Los jueves me traen pollo, huevos, leche, a veces queso, a veces no. Y desde enero dejé de cobrar el Plan Familias. Lo de la Corte nos vino bien, pero ojalá siga", advierte Karina, mientras acaricia a un bebé. El hambre ataca al menor descuido: de los mellizos que tiene, de ocho años, el nene pesa 15 kilos y la nena, 22.

El abogado que empujó los tres fallos, Gonzalo Permuy Vidal, destaca que la Corte "marcó un sendero, que ahora deben seguir los jueces inferiores". No obstante, prepara un escrito que denuncia la intermitencia de la ayuda exigida. Además, la Federación de Entidades de Fomento de Quilmes, que colaboró con las tres mamás, se dice amenazada por un puntero del barrio, que —señalan— no quiere "perder influencia" en el manejo de los planes sociales del municipio y la gobernación. Una traducción filosa indica que habría quienes cobran "peajes" a beneficiarios de los subsidios de pobreza. En el medio de la pelea política, sufren personas, como Gisela, que vive en una casa de lata, pide trabajo para su marido y ruega que su bebé sea operado ya.

Se van las mamás y un póster de Santa Rita, acostumbrada al barullo de penurias, se queda sola en la casa de telgopor.

Pablo Calvo
 

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/08/06/z-03415.htm

 

LOS JUECES FRENTE A LA POBREZA: UNA TENDENCIA QUE SE AFIRMA
 

La Justicia se involucra cada vez más en políticas sociales

La Corte nacional y la bonaerense acaban de ordenarles a distintos municipios que aseguren la asistencia a grupos desamparados. Ya lo venían haciendo jueces y camaristas. Las medidas responden a pedidos de remedios, comida, hasta mejoras en las villas. Los políticos obedecen pero ya protestan.
 


Gerardo Young.
gyoung@clarin.com



Pedir un techo donde cobijarse, reclamar por comida, medicamentos, agua corriente para el barrio, el arreglo de las redes cloacales para que las calles de tierra no sean un barrial infecto. Cualquiera de estas necesidades suelen reclamarse a intendentes, legisladores, gobernantes. Pero las cosas están cambiando y es la Justicia la que, cada vez con mayor insistencia, empieza a resolver los pedidos de los vecinos más desamparados. Una Justicia más humana, dicen algunos. O más sensible. O más entrometida en los asuntos de gobierno.

La tendencia empezó a asomar como rareza hace unos cuatro años, tras el derrumbe económico, pero en los últimos meses alcanzó su máxima expresión gracias a fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cabecera del Poder Judicial, y otras decisiones de la Suprema Corte bonaerense. No se trata de sugerencias del Poder Judicial para que los funcionarios públicos atiendan situaciones de emergencia, sino órdenes de medidas concretas de gestión.

Ejemplos aparecen cada semana. El último fue el martes pasado, en la resolución en la que se autorizó el aborto —aunque finalmente no se hizo— de una discapacitada mental de 19 años. En ese fallo, la Corte bonaerense "exhortó" al Gobierno provincial a asegurarle a la chica y a su mamá, "los medios para satisfacer su salud, tratamiento y necesidades sociales básicas". Es decir, que el Estado provincial deberá hacerse cargo de las dos mujeres, al menos hasta que el caso abandone el ámbito judicial.

Los derechos a la salud, primero, y a la vivienda y a alimentación, son los que encabezan la lista de garantías que los jueces están imponiendo a los funcionarios públicos. Y la Corte Suprema de la Nación se puso a la cabeza. Hace dos semanas, le ordenó al poder administrativo —en ese caso al Gobierno bonaerense y al municipio de Quilmes— la provisión de comida y asistencia médica para un grupo de familias de villa La Matera, en Francisco Solano (ver página 36).

Fallos de este tipo eran impensables en la Corte Suprema de hace no tanto tiempo, que en 1997 y 1998 había rechazado amparos casi idénticos al de La Matera, presentados por vecinos de Santa Fe. Claro, nada de esto es ajeno a la nueva conformación del Tribunal, que sufrió un fuertísimo recambio con la llegada de Néstor Kirchner al poder. También, dicen, responde a la incorporación al país de los Tratados de Defensa de Derechos Humanos, que reinvindican el "derecho" de los ciudadanos a cubrir sus necesidades básicas, y una nueva interpretación de las leyes que están impulsando los jueces.

Abogados y jueces y funcionarios consultados por Clarín reconocen en la crisis del 2001 la génesis de esta tendencia que parece haber llegado para quedarse. Hasta entonces eran pocos los jueces que se animaban a ordenarle a un gobernante una medida concreta de asistencia social. Entre ellos estaba el juez en lo Contencioso Administrativo de La Plata, Luis Arias, quien llegó a suspender la construcción de una papelera porque, dijo, podía afectar la salud de los vecinos. Arias dice no encontar un motivo puntual sobre el cambio de orientación de los jueces, más que "en las convicciones personales, ideológicas y éticas".

Es dificil cuantificar el fenómeno, pero hay algunos indicios. En la Ciudad de Buenos Aires, la mitad de los doce jueces en lo Con tencioso Administrativo, el fuero que suele recibir estos reclamos, ya ha votado ordenándole al Gobierno porteño medidas concretas a favor de los vecinos. El último lo hizo el viernes 28 de julio, en plena feria judicial, un período de descanso que sólo suele quebrarse para situaciones excepcionales. El juez Osvaldo Otheguy levantó la feria para ordenarle al Gobierno porteño que limpie y prepare un plan clocal para el sector más precario de la Villa 31 de Retiro (ver Limpiar...).

Esa decisión fue en respuesta al reclamo hecho por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), una ONG que en el último año logró tres fallos inéditos: que la Justicia atendiera reclamos de vecinos por considerar que estaban siendo discriminados por su condición de pobreza. Esa jurisprudencia, inspirada en casos similares de Estados Unidos, obligó al Gobierno porteño a poner tachos de basura en barrios del sur de la ciudad, cuyos vecinos se sentían discriminados por tener menos tachos que el resto.

Nuria Becú, de la ACIJ, sostiene que estos fallos son posibles gracias a la reforma constitucional de 1994, cuando surgió la opción de litigar por derechos colectivos. Y lo justifica diciendo que los reclamos ante los legisladores o los gobernantes se hacen demasiado engorrosos. "La Justicia hoy es la forma más directa de solucionar problemas", afirma.

La contracara es el malestar que provocan estos fallos en los funcionarios públicos, que se sienten ultrajados de sus funciones. El poder político por ahora acepta pero con malhumor la "avanzada del Poder Judicial". Claro que negarse a cumplir un fallo puede significarle desde multas hasta un proceso contra sus funcionarios.

En la Capital y en el Gobierno nacional tienen, por regla, que apelar todos los fallos que afectan a sus gobiernos. Pero eso es lo formal. La realidad es que aceptan las órdenes de los jueces, aunque las cumplen muchas veces a los ponchazos. Sólo la Ciudad de Buenos Aires se anima, por ahora, a cuestionar en la cara a los jueces. Ante la consulta de Clarín, lo hace el secretario de Legal y Técnica de la Ciudad, Sergio Beros: "Los poderes del Estado no deben inmiscuirse. Hay algunos jueces que están vulnerando sus propios umbrales. No puede ser que nos digan cómo generar un programa. Esa es tarea del administrador", se queja.

Los argumentos de Beros son repetidos, pero en voz baja, por funcionarios provinciales. ¿Se están excediendo los jueces? "Todos los poderes tienen una tendencia innata a querer sustituir a los otros —sigue Beros—, pero es necesario un balance. El límite es cuando le dicen al Gobierno cómo solucionar el problema. Ellos pueden advertir pero no definir un plan".

Esos límites, claro, son sutiles. Y en la senda más fina caminan cada día más jueces, situación que aprovechan los abogados que suelen acompañar las demandas de los más desamparados. Uno de ellos es Guillermo Permuy Vidal, patrocinante de los vecinos que lograron los amparos de la Corte Suprema. "Lejos de ser una Justicia que administra, es ahora una Justicia que hace aplicar los derechos en forma efectiva", se envalentona.

María Inés Bianco, también abogada, se ha especializado en demandas judiciales en favor de personas discapacitadas. Bianco trabaja para varias ONG que se ocupan de este tema y asegura que "la Justicia es la vía por excelencia para hacer valer estos derechos (de salud), y en la inmensa mayoría de los casos responde". Ofrece su propia estadística: los 86 amparos presentados ante distintos juzgados entre enero y julio pasados fueron aceptados. ¿Qué reclamaba en sus presentaciones? "De todo: que el Estado (nacional, provincial o municipal) o las prepagas provean alimentos, vivienda, cobertura de medicamentos o tratamientos a personas discapacitadas que no pueden acceder a esos derechos".

Claro que no toda la Justicia está subida al mismo tren. "La suerte de estos reclamos depende mucho del juzgado que toque en el sorteo. Algunos son más ortodoxos y refractarios", dice el abogado de La Plata Carlos Boeri, quien durante el 2006 presentó diez amparos por derechos elementales, con cinco resultados a su favor. Boeri cree que hay un "criterio de apertura" hacia la protección y el cumplimiento efectivo de los derechos sociales, que "viene bajando desde la Corte nacional y recientemente desde la Corte de la Provincia, gracias a la nueva integración de ambos tribunales".

Carlos Díaz es otro abogado litigante en cuestiones de derechos humanos básicos, que según sus propios cálculos presenta unos 500 amparos por año. "Empecé hace unos seis años reclamando por cuestiones relacionadas con el derecho a la salud, como remedios o tratamientos. Pero con la crisis tuve que ampliar esos reclamos a otras cuestiones, como la vivienda o el trabajo. No resolvés nada con una persona que no tiene un remedio pero tampoco tiene plata para comer, para tomarse el colectivo y asistir a su tratamiento", dice. Díaz defiende a los jueces de las críticas que hablan de excesos. "Lo lógico es que todo funcione bien. Pero los jueces tienen que hacer cumplir la Constitución. Si hay una violación de la obligación del Estado de proteger los derechos humanos, la Justicia debe restituir ese derecho".

Las quejas de los políticos empezarán a llegar. Los vecinos más desamparados, mientras tanto, no entran en discusiones. Para ellos, donde más rápido, mejor.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/08/06/z-03415.htm