Base Naval de Guantánamo cumple 8
años como cárcel de torturas
14
Enero 2010
Hoy
se cumplirán ocho años desde la llegada de los primeros sospechosos de
terrorismo a Guantánamo, donde permanecen 198 detenidos, con muchos de los
cuales el Gobierno de Estados Unidos aún no sabe qué hacer.
El 11 de enero
de 2002 tocó tierra en Guantánamo un avión militar con veinte hombres,
quienes viajaron encapuchados y atados con correas al suelo de la aeronave y
que fueron internados en una especie de jaulas expuestas a los elementos. Su
llegada transformó una base de segunda categoría, con una
dotación militar escasa, en el penal más defendido y más polémico del mundo.
El aniversario se produce diez días antes de la fecha límite que se impuso
el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para vaciar sus celdas, una
promesa que no cumplirá, como ha admitido.
La orden del cierre fue una de sus primeras acciones tras llegar a la Casa
Blanca hace un año, un anuncio cargado del simbolismo de la ruptura con la
política de su antecesor, George W. Bush, que quiso convertir Guantánamo en
un lugar al margen de las leyes estadounidenses y del derecho internacional.
Resistencia al cierre del penal.
Pero Obama no contó con la resistencia de miembros del
Congreso, incluso de su propio partido, a trasladar a algunos de los
detenidos a Estados Unidos, al tiempo que sobrestimó la disponibilidad de
sus aliados a aceptar a otros.
Las organizaciones de derechos humanos aprovecharon el aniversario para
presionar a Obama para que no ceda a las demandas de los que prefieren el
statu quo. El Gobierno “debería renovar su promesa de cerrar la prisión
de forma rápida y responsable”, indicó la asociación Human Rights Watch en
un comunicado. Human Rights First, otra asociación humanitaria, recalcó que
“cada día que el penal está abierto es un regalo para la máquina de
propaganda de Al Qaeda”.
La tarea de encontrar un destino a los prisioneros se le ha complicado al
Gobierno con el atentado fallido contra un avión con destino a Detroit el
día de Navidad, presuntamente llevado a cabo por un nigeriano entrenado en
Yemen.
Tras él, la Casa Blanca anunció que detendría las repatriaciones de los
yemeníes, que constituyen el grupo más numeroso de prisioneros, pues hay 92
en Guantánamo.
‘Un riesgo enorme e innecesario’
El partido republicano ha usado el incidente para reanudar su oposición al
plan del Ejecutivo de transferir a territorio estadounidense a algunos
detenidos de Guantánamo. “Supone un riesgo enorme e innecesario”,
dijo el legislador John King en el tradicional mensaje sabatino de su
partido.
King añadió que “hay una buena razón por la cual el Gobierno ha tenido
tanta dificultad en enviar a estos terroristas a otros países. Son lo peor
de lo peor. Nadie los debería querer”. En Guantánamo había 242
encarcelados cuando Obama asumió la presidencia hace un año y su Gobierno ha
liberado y transferido a 44.
La Administración quiere trasladar a algunos de ellos a la localidad de
Thomson, en Illinois, donde hay una prisión estatal vacía que el gabinete
federal compraría y adaptaría para elevar su nivel de seguridad.
Para ello, necesita que el Congreso le dé los fondos y que modifique una ley
que sólo permite la entrada en Estados Unidos de detenidos de Guantánamo
para ser juzgados. El Gobierno ha evitado, sin embargo, aventurar cuándo
podrían darse esos pasos, que considera indispensables para cerrar el centro
de reclusión en Cuba. “No
tengo una respuesta sobre fechas”, dijo el viernes pasado al respecto el
portavoz presidencial, Robert Gibbs.
Encerrados de manera preventiva
El
Pentágono encerraría en Thomson a hombres que considera peligrosos, pero
contra los cuales no tiene evidencias suficientes para procesarlos o esas
pruebas serían inadmisibles en un juicio por haber sido obtenidas tras
sufrir maltratos. Esa solución tampoco satisface a las organizaciones de
derechos humanos.
“Si la Administración continúa la detención sin cargos, no
estará cerrando Guantánamo, sino moviendo la cárcel a Illinois”,
advirtió Andrea Prasow, experta en terrorismo de Human Rights Watch.
Su deseo es que el Gobierno presente cargos en tribunales ordinarios contra
los detenidos implicados en delitos y envíe al resto a sus naciones de
origen o a terceros países.
Mientras este debate se desarrolla en Washington, en una cárcel literalmente
a orillas del mar Caribe hombres en detención indefinida celebran un nuevo
aniversario.
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