Federación de Entidades de Fomento y Organizaciones Libres del Pueblo de Quilmes

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El Blog de las Entidades

 
De la construcción del poder , la Memoria y lo hegemónico

 

Por Juan Anibal Albaytero      

Esta reflexión está referida  a dos concepciones que hablan de la realidad política y a mi juicio, de cómo se entiende el poder.

 

         Y esta reflexión muchos la considerarán utópica o, para decirlo en otros términos,  extremadamente utópica, ya  que nuestra realidad nos plantea cuestiones o posiciones más pragmáticas.

 

         Esta no es una cuestión menor. Ser fiel a nuestras utopías, nos motiva e impulsa y a su vez, nos compromete y nos cierra determinados caminos que hacen a la práctica del poder como concepción de dominación y/o manipulación.

 

         Para ser más concreto, voy a recurrir a algunos nombres históricamente concretos, de nuestra realidad no demasiado lejana, en dos períodos concretos.

 

         Por un lado, la figura de dos luchadores históricos del peronismo, Jhon W. Cooke y Raimundo Ongaro. Durante los años de la Resistencia, hasta la muerte de Cooke y hasta el Gobierno del 73/76, en Ongaro, siempre se planteó la disyuntiva entre los principios y conductas de ellos dos, contra las conductas pactistas, dialoguistas y por fin, traidoras de muchos de los que fueron poder, desde lo político y lo sindical.

 

         Perón refiriéndose a ellos dos dijo más de una vez que eran honrados y muy inteligentes, pero de política no sabían nada. En función de ello, hasta su muerte penduló entre una posición y otra, pero en definitiva el péndulo favoreció a los Vandor, los Coria, los Lorenzo Miguel, los Paulino Niembro y en la política los Cafiero, los Menem, los Lacabanne y Othalagano, para desembocar en Lastiri y López Rega.

 

         Pero, en la vida de las personas y de los pueblos la muerte siempre está presente. Y con la muerte, muchas veces los procesos se sinceran.

 

         La muerte de Perón nos mostró la cruda realidad de haber privilegiado a los que luchan por el poder y rapiñan de él, en detrimento de aquellos que tuvieron conducta, honradez e inteligencia.

 

         La cuestión es, ¿quién pagó los platos rotos de este desemboque de un momento histórico de nuestra historia?

 

         El Pueblo, sobre todo el más desprotegido, con la brutal implantación del sistema económico que trajo el proceso, pagó con el deterioro concreto de sus condiciones de vida, en todos los aspectos que importan. Educación, Salud, acceso a Viviendas dignas y al Trabajo.

 

         El pueblo pagó el triunfo de aquellos que, en nombre del movimiento nacional, pactaron y sobrevivieron, sin renunciar a sus puestos de poder.

 

         Más cercano en el tiempo, durante la Convención Constituyente de 1994, resalto la posición de Don Jaime de Nevares, quien se opuso a que se votara a libro cerrado el Pacto de Olivos, porque ello implicaría la muerte de la República, sus palabras textuales fueron … no quiero ser testigo de los funerales de la República. Por ello renunció a la Asamblea y lo acompañaron muy pocos. Sus propios compañeros del Frente Grande lo acusaron de principista   y que no sabía de política. 

 

         Hoy, a poco más de 10 años de aquella Reforma Constitucional, creo que tenemos el deber de analizar cuanto de razón o no, tenía Don Jaime de Nevares.

 

         La realidad que ya se venía concretando, se profundizó hasta llegar a las calamidades que vemos hoy en muchas de nuestras realidades.

 

         Un poder Legislativo que delega atribuciones que les son propias y que, aceptando las cataratas de Decretos de Necesidad y Urgencia, prácticamente ha dejado de tener peso alguno en la realidad político-social.

 

         Un Poder Judicial que, en todos sus niveles, no solo el Nacional, es totalmente funcional a los Políticos que detentan el poder.

 

         Ejemplos concretos de las consecuencias de ello tenemos por doquier y ante ello debemos preguntarnos, ¿Y la República, donde está?

 

         Renuncia a la división de poderes, delegando facultades propias, en todos los niveles, para que unos pocos tomen decisiones por todos, decisiones que como siempre pagamos y pagaremos todos.

 

         Son solo poco más  de 10 años, en donde haber desoído los principios de Dos Jaime, como Pueblo lo hemos pagado y lo seguiremos pagando muy caro.       
         Toda esta introducción es para volver al planteo inicial, a repensar sobre utopías y pragmatismo y junto con ello, el planteo de la construcción de poder territorial que permita una representatividad, que hoy en nuestro Quilmes nadie muestra.

 

         Creo que no hay que renunciar a los principios, que las posiciones rectas, que no doblan la rodilla ante pequeños señores feudales, cuyo única fuerza es el manejo discrecional de los fondos públicos, manejo discrecional que convierte en esclavos a los que someten, ya sea por su débil voluntad o por la fuerza de los hechos.

 

         Creo que hay que ser intransigente en la vida, pero intransigente no porque sí, sino intransigente por y para la vida.

 

         Desde allí, aunque suene utópico, se puede construir poder, pero poder para servir.

 

            En esta definición, no hay juicio de valor negativo para muchos. Si lo hay, para aquellos que por pragmatismo, caminan al lado y a la sombra de los nuevos señores feudales. Con ellos, que en Quilmes los podemos individualizar fácilmente, no creo que se pueda construir.

 

         Este camino puede ser muy lento y con seguridad sin mucho brillo, pero siendo fieles a nuestras utopías, planteando un proyecto coherente, que contemple el análisis de la situación general que se vive en la Argentina y no solo o exclusivamente al nivel Nacional, se puede construir alternativas a lo que los que pretenden hegemoniaza nos plantean.

 

         Jauretche, Scalabrini Ortiz, Cooke, Ongaro, de Nevares. Sus vidas, su mística nos pueden dar pistas concretas por donde transitar. No haberlos considerado en su momento, no tomarlos en cuenta, no escucharlos, reitero, el Pueblo lo ha pagado y lo paga muy caro.

 

         Toda esta reflexión puede parecer una abstracción; puede ser, pero su razón de ser está en hacer de hacer Memoria sobre lo que nos ha pasado.

 

          Si no tenemos presente esta Memoria, puede que no acertemos al presente y que menos tengamos futuro.

 

         Y por último, creo que la construcción hay que hacerla lenta, de a pocos, sin temer a la relativa soledad. Hay que mirar un poco más allá de lo que tenemos a diario y veremos que quizás hay otros que buscan los mismos caminos.

 

         En toda esta reflexión, no se debe perder de vista una realidad que en nuestro país es muy fuerte y es las conducción personalista hegemónica. Es una realidad que no puede ni debe obviarse.

 

         Ante esta realidad reflexiono desde una frase de Ortega Peña en Facundo y La Montonera.

 

         El caudillo es la representación simbólica del Pueblo.

 

         Esta definición es muy rica. El acento está en dos términos: Caudillo / Pueblo. Y es que la frase tiene sentido en la medida que ambos términos sean representaciones equivalentes y para serlo, la única posibilidad es que el Caudillo, su vida, tanto en lo público como en lo privado y en todos sus aspectos, no estén divorciadas  de la suerte que vive el propio Pueblo.

 

         Nuestra historia y sobre todo la más reciente, está saturada de caudillos y/o conductores, que habiendo abusado de la representación que le confió el Pueblo, la han defraudado en exceso, viviendo pública y privadamente de manera fastuosa, haciendo ostentación de fortunas imposibles de justificar.

 

         Esta triste y harto palpable realidad, es la constatación concreta de que aquellos que se arrogan la conducción de un Pueblo, de su representación, en realidad han renunciado a la representación. La suerte de aquellos que dicen representar, nada tienen que ver con su realidad cotidiana. Ellos han pasado a un estadio superior, muy diferente al de sus representados, donde lo que el común de la gente entiende como fraude y engaño como practica, para ellos pasa a ser la norma de conducta. Lo que para el común de la gente es enriquecimiento sin medida y sin justificación, para ellos es el pago razonable a sus afanes. El caudillo, los conductores y una pléyade de caudillejos y seudo conductores se ha apartado de donde surgieron, traicionando el mandato que les habían conferido.

 

         Esta defección, que palpamos concretamente, nunca es neutra. El enriquecimiento y la vida a que ella conducen es directamente proporcional al emprobrecimiento del Pueblo y a la degradación de su condición de vida.   

 

         Un abrazo fraternal    

JUAN  ALBAYTERO

   MESA DE ENLACE QUILMES , FEDERACION DE ENTIDADES DE FOMENTO Y ORGANIZACIONES LIBRES DEL PUEBLO DE QUILMES