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Carta a los vecinos
A
nosotros nos quieren tomar el pelo mientras a la ciudad le toman las
tierras…
Cuando instalamos – hace ya casi
cinco años – en la agenda política de la ciudad la necesidad de realizar
un Plan Urbano Ambiental, muchos no lograron comprende esta
necesidad y solo lo interpretaron como una simple oposición a la
construcción en altura en las zonas residenciales de Quilmes.
Lamentablemente la gestión Villordo y – hasta ahora – la gestión
Gutiérrez, priorizaron este tipo de negocios bajo el sofisma: “Eso es
desarrollo”.
Hoy vemos, con pena, cómo se va
perdiendo patrimonio histórico, el tránsito de la ciudad
se ha convertido en un caos, los servicios son
deficientes, la salud y la educación pública
escasas, la nocturnidad incontrolable, falta de higiene,
el medio ambiente en un total desamparo, etc. Todo esto es clara
muestra de que la falta de planificación inexorablemente
traería los problemas que ahora pueden sorprender sólo a algún
desprevenido, cuando ve la pelea entre vecinos por los pocos espacios
verdes que quedan en la ciudad.
Mientras
estos penosos hechos suceden, el Intendente, su Secretaria de Obras
Pública (Roxana González), su Secretario de Medio Ambiente (Claudio
Olivares), el Secretario Legal y Técnico (Walter Di Giusseppe) sólo
se ocupan de tenderle una alfombra roja a la multinacional Techint
para que desembarque sus negociados en la ribera de Don Bosco, Bernal y
Ezpeleta, convirtiéndose así en verdaderos “ocupas de lujo” de un
área única por su flora y fauna, que debiera ser preservada y de uso
público.
Esa zona está hoy protegida por
ordenanza como selva marginal, votada – entre otros – por los concejales
José Migliaccio y Otamendi, hoy llamativamente en la vereda opuesta,
olvidando los argumentos que esgrimieron en aquel entonces.
El rol de esta selva y el de los
humedales que la componen es el de mitigar la permanente contaminación
que recibimos los vecinos.
Por estos días el proyecto que
pretende “desproteger la ribera” y así permitir que el proyecto Techint
(mucho más acorde al era menemista) tenga vía libre, está en el Concejo
deliberante, Su presidente – el concejal por el Frente para la Victoria
J. Migliaccio (vecino de Ezpeleta) – pretende aprobarlo en breve, con
apenas algunos días de análisis. En este período – este proyecto que
aportaría a la zona unas 100.000 personas más entre habitantes,
trabajadores y visitantes – debe ser tratado, analizado, estudiado en
por lo menos cuatro comisiones. Veremos con mucha atención quiénes
son los concejales que apoyan este despropósito. Quien lo
haga verá sepultado su futuro político, ya que convalidará el
negociado más grande en la historia de la ciudad. Un negociado de U$S
1.700 millones, teñido de todas las sospechas imaginables.
Los vecinos
debemos ser parte de esta discusión. Ya
dejamos bien clara nuestra posición en este tema. Queremos que la
ribera se convierta en una reserva protegida, que sirva para la
educación y recreación de los vecinos y que – por sobre todas las cosas
– no deje de ser el pulmón verde que es hoy.
Viendo la ciudad hoy, sólo un
Plan Urbano Ambiental hecho por todos en conjunto será lo que
permita opinar, decidir y participar en el diseño de la ciudad en que
queremos vivir.
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