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Hoy se
celebra el Día Internacional del Medio Ambiente |
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Quilmes tiene mucho
por que llorar
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Massuh.
Smurfitt Kappa. Los basurales “Doña Cata” y “Doña Teresa”. Los
arroyos Las Piedras y San Francisco. La cava de Itatí. La ribera
quilmeña destrozada por el derrame de Repsol. Los afluentes
nunca controlados del nunca habilitado Parque Industrial. El
ascenso de las napas freáticas. Los transformadores que aun
transpiran PCB. Las temibles e inescrutables antenas de
telefonía en los patios de las mismísimas escuelas privadas
católicas del distrito. Raimat SA. Las “quemas.” La Subestación
Sobral. Mucho por que llorar.
El 6 de enero de 2006, el gabinete municipal en pleno se
trasladó hacia la ciudad de
Gualeguaychú cuando el gobierno nacional dispuso que “todos
éramos un asambleísta” y se definía la causa de los compatriotas
entrerrianos como una “causa nacional.”
Hipocresías aparte, el gabinete quilmeño volvió feliz de la
extrema expresión de chupamedismo K, pero nunca reconoció que el
distrito, es un de los más heterogéneamente contaminados del
Conurbano. Y que nada se hace para paliarlo.
Valga el pequeño recordatorio que sigue.
La papelera
Massuh, produce en el corazón de Quilmes Oeste, lo mismo que se
trata de evitar, produzca Botnia. Hace años, los ambientalistas
quilmeños, organizados en torno a la Federación de Entidades de
Fomento de Quilmes, impulsan un proceso judicial que si bien ha
colocado a la pastera contra las cuerdas, aún no ha podido
evitar que deje de contaminar y matar. Valga como ejemplo, que
en los inicios de la causa que tramita ante el Juzgado Federal
platense que comanda el magistrado Adolfo Ziulú, se utilizaba
como prueba, acercar un sapo a algunas de las bocas de salida de
fluidos de la planta: el animal duraba segundos con vida…
Smurfitt Kappa, tiene en jaque a sus vecinos. Las inmediaciones
de Espora y la Autopista, en Bernal, viven en medio de una
lluvia ácida que, entre otras cosas, impide que si las casas
tienen techos de chapa puedan permanecer techadas mucho tiempo.
El ruido y los olores, a toda hora, disparan patologías de todo
tipo en los vecinos de la zona. Respirar puede ser una misión
imposible.
Y si de respirar se trata, mejor ni recordar lo que desde hace
cuarenta años viven los habitantes de las inmediaciones de
Raimat SA, una metalúrgica emplazada en pleno barrio residencial
–también de Bernal- cuyo horno de litografiado, desafía todos
los controles provinciales y se mantiene “virgen” de los
municipales.
Hacia el oeste, los vecinos más pobres suman a la contaminación
industrial, la existencia de verdaderos “parques de diversiones”
para quienes violan toda norma de deposición de residuos.
Los basurales de la zona oeste, arden cada tanto como forma de
“optimizar” el espacio.
Y las promesas que en enero de 2005, tanto funcionarios como
concejales hicieron a los vecinos, en aquellas jornadas aciagas
de incendios permanentes, son hoy nada más que un capítulo de
humor negro. Por cierto, les hablaron de “compactar los
terrenos, colocar tierra encima, esperar la recuperación de los
suelos e instalar torres en las esquinas para controlar que no
continúen los vuelcos.” El proyecto “Oeste monegasco” quedó por
supuesto…..donde se suponía quedaría.
Repsol contamina y mata hace años. Los vecinos de la zona de la
ribera aledaña al Club Ciclista, viven con sus pastos azules y
sus niños henchidos de un sarpullido indefinido y desafiante. La
medicina pública es siempre más lenta que la avidez de la
enfermedad. Y el estado municipal ha decidido hace tiempo que
“de eso no se habla.”
Antenas de telefonía prohibidas en el primer mundo se instalan
impunes en varios colegios dependientes de la curia quilmeña. En
el Colegio Don Bosco y en el María Auxiliadora, se escudan
insistiendo en que tienen hecho un estudio de impacto ambiental:
sin ponerse coloradas, las autoridades señalan que se los aportó
Telefónica. La dueña del negocio. Si en el mapa de Dios, Quilmes
no está legible, los niños están en problemas.
Los arroyos cruzan muerte y enfermedad. Sus barros pestilentes y
repletos de materiales químicamente “pesados”, son los
causantes, según Silvia Artigas, terapista de ASFAD –Asociación
Sin Fronteras a la Discapacidad- de decenas de casos de
enfermedades neurológicas como la hidrocefalia y la espina
bífida. Niños deformes y condenados que no podrán conocer los
juegos naturales de su edad y las esperanzas profesionales de
sus décadas por venir.
Napas que ascienden, PCB que condena el futuro, un caso de
cáncer por domicilio circundante a la subestación Sobral, y
funcionarios impávidos en algunos casos, ciegos a sueldo en
otros e inútiles siempre, completan el panorama.
Feliz Día Internacional del Medio Ambiente
El Diario de Quilmes