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EXCLUSIVO La rebelión de la prostituta Trabajadora sexual rompió el silencio y apuntó a la comisaría primera de Berazategui por supuesto cobro de peaje en la llamada ruta del sexo.‏

 
 


Al Sur del Gran Buenos Aires
Viernes 25 de Febrero de 2011
 
 
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EXCLUSIVO
La rebelión de la prostituta

Trabajadora sexual rompió el silencio y apuntó a la comisaría primera de Berazategui por supuesto cobro de peaje en la llamada ruta del sexo.


Nunca antes la ruta del sexo había quedado tan al desnudo. Por primera vez, una trabajadora sexual rompe el silencio con nombre y apellido y cuenta todo sobre la zona roja del Cruce Varela. Detalles nunca antes revelados, sobre la posible connivencia policial y el cobro de peajes para ejercer una actividad que tiene presencia en la ruta 36, entre Berazategui y Florencio Varela.
Viviana Alanis (46) es prostituta. No lo esconde. Así se gana la vida. Suele parar en la Avenida Senzabello y la Ruta 36, aunque su intimidad la vende en la pieza de un hotel cercano y no “sobre los autos, como hacen otras”.
Portadora de un carácter fuerte, acaso hecho a fuerza de golpes o “porque la calle enseña”, Alanis vivió una verdadera pesadilla días atrás. Dispuesta a “cortar por lo sano”, respiró hondo y denunció a personal policial por el supuesto cobro de “peaje” para poder llevar adelante su actividad. No sólo ante el cronista de Infosur, sino que dio inicio a una causa que ahora deberá investigar la Justicia.

LA PESADILLA
Aquejada por un oficio peligroso, Alanis suele andar con los ojos bien abiertos. “Nunca se sabe lo que puede pasar”, dice en declaraciones exclusivas a Infosur. Sin embargo, hace poco más de una semana, según sus dichos, no “vio venir” el zarpazo. “Mientras estaba por cruzar la ruta (36) un camión rojo con vivos claros paró a un costado mío. De allí bajó un sujeto y me tomó del brazo” remarcó. No era un cliente. Los pensamientos de Alanis se dispararon para todos lados. De inmediato creyó que la querían secuestrar. Pero grande fue su sorpresa cuando, siempre según sus declaraciones, del camión bajaron otros tres individuos que se habrían identificados como personal policial. Allí, comenzó una discusión que habría finalizado cuando uno de ellos embolsó 300 pesos. “Me pidieron plata y se llevaron 300 pesos”, dijo Alanis con notable molestia por la situación vivida. “Antes de entregarle la plata les dije de todo, me asustaron mucho, pensé que eran ladrones o secuestradores” dijo.
“Uno de los sujetos tenía una gorrita de policía, nada más”, subrayó. “Me dijeron que eran de la comisaría primera de Berazategui y que no podía trabajar sino pagaba”, señaló. Estas declaraciones están asentadas en una denuncia policial que la mujer radicó en la comisaría tercera de Varela.

EL CALVARIO
La estigmatización de la trabajadora sexual conlleva situaciones de injusticia. No sólo hablamos de los accesos a la salud o al tratamiento mental de la mujeres, sino a la imposibilidad de “ser tratada” como una persona por las instituciones públicas.
Alanis lo sabe y lo padece. Según señaló, tuvo que deambular un par de días para poder radicar la denuncia, que finalmente fue tomada en la comisaría tercera de Varela.
“Después que pagué ese dinero fui a la comisaría tercera de Varela, donde una mujer policía me dijo que no podía tomar denuncias contra personal uniformado” señaló.
Molesta por la situación, se dirigió a la dependencia de Berazategui. “Allí me maltrataron y me echaron sin tomarme la denuncia, pero pude ver que uno de los agresores estaba en la oficina de la seccional” dijo. Este dato podría confirmar que en verdad la policía estuvo en el lugar donde se denunció el supuesto pedido de coima, aunque fuera de jurisdicción. Es que la ruta 36 divide el territorio entre dos comisarías. De un lado la primera de Berazategui, del otro, la tercera de Varela.
Finalmente, luego de dos días de calvario, la mujer prestó declaración y pudo radicar la denuncia que ahora deberá investigar la justicia.

EL PRECIO DEL DESEO
En la ruta 36 es una postal cotidiana el ofrecimiento de sexo en la vía pública. Unas treinta mujeres y travestis coparon la zona para dar rienda suelta a los deseos de hombres y mujeres que en lujosos autos merodean el lugar cada tarde noche.
Varias veces Infosur denunció esta situación. Las declaraciones de Alanis le dan forma a un rumor que siempre circuló por la calle, la supuesta connivencia policial y el posible cobro de peaje para ejercer la actividad. No somos nosotros los que lo debemos demostrar, sino la justicia. Ellos deberán responder por esta denuncia.
No obstante, Infosur consultó a otras mujeres que, bajo estricto pedido de reserva de identidad, confirmaron los dichos de Alanis.
Según esos testimonios, cada trabajadora sexual, mujer o travesti, deben pagar $20 por noche. Además, le habrían impuesto un horario: después de las 23 horas. Y todos apuntan contra el personal de calle de la comisaría primera de Berazategui. “En Varela no te dejan trabajar, pero tampoco te cobran”, dicen.

DE QUE LADO ESTÁN
La valiente denuncia de Alanis debe ser tenida en cuenta. No sólo por su seguridad. La historia está cargada de impunidad en muertes sospechosas de trabajadoras sexuales. Sino por el conjunto de la sociedad. Mucho más en tiempos sombríos de tanta inseguridad, la sociedad civil necesita desesperadamente saber de qué lado está la Policía. Y que esté del nuestro. Para defendernos de los perversos, los asechantes, los malos. No que ellos sean los perversos, los asechantes, los malos. Semejante incertidumbre hiere casi más que el delito mismo y amplía la sensación de inseguridad.