EXCLUSIVO
La rebelión de la prostituta

Trabajadora sexual rompió el silencio y
apuntó a la comisaría primera de
Berazategui por supuesto cobro de peaje
en la llamada ruta del sexo.

Nunca antes la ruta del sexo había
quedado tan al desnudo. Por primera vez,
una trabajadora sexual rompe el silencio
con nombre y apellido y cuenta todo
sobre la zona roja del Cruce Varela.
Detalles nunca antes revelados, sobre la
posible connivencia policial y el cobro
de peajes para ejercer una actividad que
tiene presencia en la ruta 36, entre
Berazategui y Florencio Varela.
Viviana Alanis (46) es prostituta. No lo
esconde. Así se gana la vida. Suele
parar en la Avenida Senzabello y la Ruta
36, aunque su intimidad la vende en la
pieza de un hotel cercano y no “sobre
los autos, como hacen otras”.
Portadora de un carácter fuerte, acaso
hecho a fuerza de golpes o “porque la
calle enseña”, Alanis vivió una
verdadera pesadilla días atrás.
Dispuesta a “cortar por lo sano”,
respiró hondo y denunció a personal
policial por el supuesto cobro de
“peaje” para poder llevar adelante su
actividad. No sólo ante el cronista de
Infosur, sino que dio inicio a una causa
que ahora deberá investigar la Justicia.
LA PESADILLA
Aquejada por un oficio peligroso, Alanis
suele andar con los ojos bien abiertos.
“Nunca se sabe lo que puede pasar”, dice
en declaraciones exclusivas a Infosur.
Sin embargo, hace poco más de una
semana, según sus dichos, no “vio venir”
el zarpazo. “Mientras estaba por cruzar
la ruta (36) un camión rojo con vivos
claros paró a un costado mío. De allí
bajó un sujeto y me tomó del brazo”
remarcó. No era un cliente. Los
pensamientos de Alanis se dispararon
para todos lados. De inmediato creyó que
la querían secuestrar. Pero grande fue
su sorpresa cuando, siempre según sus
declaraciones, del camión bajaron otros
tres individuos que se habrían
identificados como personal policial.
Allí, comenzó una discusión que habría
finalizado cuando uno de ellos embolsó
300 pesos. “Me pidieron plata y se
llevaron 300 pesos”, dijo Alanis con
notable molestia por la situación
vivida. “Antes de entregarle la plata
les dije de todo, me asustaron mucho,
pensé que eran ladrones o
secuestradores” dijo.
“Uno de los sujetos tenía una gorrita de
policía, nada más”, subrayó. “Me dijeron
que eran de la comisaría primera de
Berazategui y que no podía trabajar sino
pagaba”, señaló. Estas declaraciones
están asentadas en una denuncia policial
que la mujer radicó en la comisaría
tercera de Varela.
EL CALVARIO
La estigmatización de la trabajadora
sexual conlleva situaciones de
injusticia. No sólo hablamos de los
accesos a la salud o al tratamiento
mental de la mujeres, sino a la
imposibilidad de “ser tratada” como una
persona por las instituciones públicas.
Alanis lo sabe y lo padece. Según
señaló, tuvo que deambular un par de
días para poder radicar la denuncia, que
finalmente fue tomada en la comisaría
tercera de Varela.
“Después que pagué ese dinero fui a la
comisaría tercera de Varela, donde una
mujer policía me dijo que no podía tomar
denuncias contra personal uniformado”
señaló.
Molesta por la situación, se dirigió a
la dependencia de Berazategui. “Allí me
maltrataron y me echaron sin tomarme la
denuncia, pero pude ver que uno de los
agresores estaba en la oficina de la
seccional” dijo. Este dato podría
confirmar que en verdad la policía
estuvo en el lugar donde se denunció el
supuesto pedido de coima, aunque fuera
de jurisdicción. Es que la ruta 36
divide el territorio entre dos
comisarías. De un lado la primera de
Berazategui, del otro, la tercera de
Varela.
Finalmente, luego de dos días de
calvario, la mujer prestó declaración y
pudo radicar la denuncia que ahora
deberá investigar la justicia.
EL PRECIO DEL DESEO
En la ruta 36 es una postal cotidiana el
ofrecimiento de sexo en la vía pública.
Unas treinta mujeres y travestis coparon
la zona para dar rienda suelta a los
deseos de hombres y mujeres que en
lujosos autos merodean el lugar cada
tarde noche.
Varias veces Infosur denunció esta
situación. Las declaraciones de Alanis
le dan forma a un rumor que siempre
circuló por la calle, la supuesta
connivencia policial y el posible cobro
de peaje para ejercer la actividad. No
somos nosotros los que lo debemos
demostrar, sino la justicia. Ellos
deberán responder por esta denuncia.
No obstante, Infosur consultó a otras
mujeres que, bajo estricto pedido de
reserva de identidad, confirmaron los
dichos de Alanis.
Según esos testimonios, cada trabajadora
sexual, mujer o travesti, deben pagar
$20 por noche. Además, le habrían
impuesto un horario: después de las 23
horas. Y todos apuntan contra el
personal de calle de la comisaría
primera de Berazategui. “En Varela no te
dejan trabajar, pero tampoco te cobran”,
dicen.
DE QUE LADO ESTÁN
La valiente denuncia de Alanis debe ser
tenida en cuenta. No sólo por su
seguridad. La historia está cargada de
impunidad en muertes sospechosas de
trabajadoras sexuales. Sino por el
conjunto de la sociedad. Mucho más en
tiempos sombríos de tanta inseguridad,
la sociedad civil necesita
desesperadamente saber de qué lado está
la Policía. Y que esté del nuestro. Para
defendernos de los perversos, los
asechantes, los malos. No que ellos sean
los perversos, los asechantes, los
malos. Semejante incertidumbre hiere
casi más que el delito mismo y amplía la
sensación de inseguridad. |
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