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Foro de Libre Opinión

El Blog de las Entidades

 
 

Dr. Horacio Micucci

El petróleo es nuestro


El Dr. Horacio Micucci es investigador en temas de política científica, tecnológica y energética.


“Allí en ese mismo escritorio me propuse juramentándome conmigo, cooperar por todos los medios legales a romper los trusts.”

General Enrique Mosconi


“Se engaña quien crea de cualquier manera mellada la filosa alma nacional. A principios del siglo pasado supo encabezar, dirigir y ayudar a la liberación de toda América del Sur. La juventud argentina sabe que hoy, nuevamente, cien millones de sudamericanos están esperando su palabra de orden.”

Raúl Scalabrini Ortiz


Asistimos a los instantes finales de la tragedia de la entrega de nuestro petróleo. En distintos tramos y a precio vil se ha ido entregando esta palanca clave para una Argentina independiente. En el momento de escribir estas líneas la empresa española Repsol está a punto de concretar el dominio total de YPF. Después de lograr, recientemente, la compra del 14,99% de las acciones que estaban en manos del Estado por un monto de 2.100 millones de dólares, Repsol se lanza al control completo de YPF, ofreciendo comprar el 85% restante en una operación que implica el desembolso de 13.439 millones de dólares. De esta manera, en unos cincuenta días, la mencionada empresa, a través de sus controladas y de sus participaciones, pasará a manejar el 51,2% del petróleo que se extrae en la Argentina, el 41,1% del gas, y refinará el 56% de las naftas y el 60,6% del gasoil que se utiliza1.
La compra final La oferta de Repsol consiste en pagar $44,78 por cada acción, lo que significa un monto de alrededor de 14.000 millones de dólares. Después de haber comprado el 14,99% de YPF en manos del Estado nacional, todo intento de aumentar el capital accionario en manos de la empresa trae aparejado como condición, por estatuto de YPF, la obligación de ofertar por la compra del total del resto de las acciones. Desde ya, era sabido que la compra del 14,99% de YPF era el primer paso del intento de Repsol de copar la empresa. Los pasos futuros son: a) que Repsol compre el 100% de YPF. b) Que solo le oferten venderle el 51% de las acciones (se dice que ya tiene ofertas por ese monto), en cuyo caso habrá cumplido con la cláusula estatutaria (que se da por efectivizada con ese porcentaje) y tendrá el suficiente número de acciones con las cuales controlará YPF igual con menor inversión. Hay ciertas circunstancias que es necesario destacar: 1. Que la compra se hace a un valor de $44,78 la acción. Debe destacarse que cuando en el '93 se privatizó YPF cada acción fue vendida por el Estado a $19. Muchos denunciamos en ese entonces que YPF valía más del doble y los hechos nos han dado la razón. En efecto, las acciones aumentaron la cotización en forma sostenida hasta llegar al valor actual. El Estado vendió en enero, a $38 por acción, el 14,99%; pero ahora, para convencer de la venta al resto de los accionistas ha debido llegar al monto mencionado. Se dice que cuando el Estado fijó ese precio en enero desalentó otros procesos en marcha como la compra por el grupo British-Amoco e incluso un intento de fusión entre los grupos que representaría el actual presidente Monti, y Perez Companc. La fuerza del nuevo oponente sería, tal vez, la causa del retiro de Perez Companc del negocio petrolero para concentrarse en alimentos. 2. El endeudamiento de la empresa española será enorme. Pagará la compra con préstamos bancarios según los cuales su pasivo pasará del 30% al 70% de su patrimonio. A tal punto que agencias estadounidenses de calificación de empresas aumentarían la estimación de riesgo de Repsol.2 3.- Se dice que la compra de YPF se le hizo indispensable para Repsol a partir de que nadie podía descartar que fuera la próxima víctima en el mercado de las adquisiciones. Al comprar YPF aumentó su tamaño, lo que podría hacer más difícil que la propia Repsol pudiera ser comprada por sus competidoras.3 4. Los seis bancos que financiarán la compra son: Banco Bilbao Vizcaya, Citi Group, Goldman Sach, La Caixa, Merriel Lynch y Warburg Dillon Read (Unión de Bancos Suizos). 5. Se estima que el precio que se pagará por las acciones significa que YPF se está vendiendo a 3 dólares el barril de petróleo. Un buen negocio, dado que es sólo un tercio del precio fijado para la fusión entre Exxon y Mobil. Los analistas es-pecializados afirman que YPF ofrece las carácterísticas “deseables” de una empresa europea, pero a mitad de precio.4 6. No debe descartarse que no estemos ante el capítulo final y que, como en el caso de Aerolíneas Argentinas y Telefónica de Argentina, las empresas españolas sean puentes para el transpaso a otros grupos. 7. La empresa Repsol controla en la actualidad, entre otras: 57% de ASTRA, 94% de EG3, 45% de Pluspetrol. Están presentes en EDENOR y EDESUR. Si se concreta la compra de la empresa chilena ENDESA pasarán a ser dueños de El Chocón y Central Costanera. Por lo tanto ellos, o los que sean destinatarios finales del paquete, controlarán la energía de nuestro país con capacidad económica para ponernos de rodillas ante el más tímido intento independientista. Quienes seriamente crean en la independencia nacional, y en su necesidad para el bienestar de nuestro pueblo, deben analizar esta situación y actuar en consecuencia: oponerse a la entrega y a los entregadores es la bandera de los patriotas.

 

El general Baldrich continuó la obra de
Mosconi: la defensa del petróleo nacional


La guerra inconclusa

 

 Desde aquel 11 de diciembre de 1907, hace 92 años, en que se descubría el primer yacimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia, se desató una larga guerra entre quienes lucharon porque ese líquido oscuro se convirtiera en una palanca de independencia y bienestar para los argentinos y quienes trabajaron permanentemente para su entrega. Y, como en toda guerra, hubo héroes y traidores. Héroes como el general Mosconi y el que fuera considerado su albacea ideológico, el General Baldrich. Defensores prestigiosos del petróleo argentino como Raúl Scalabrini Or tiz y Adolfo Silenzi de Stagni, y también héroes anónimos, hombres ignorados del pueblo, que lucharon día tras día desde su puesto de trabajo, en los yacimientos y en las destilerías, constituyendo aquello que se llamó el espíritu ypefiano. Y muchos ignorados luchadores populares que, en huelgas y barricadas, en discursos encendidos y en la labor silenciosa, libraron esta guerra peleando palmo a palmo el territorio con el enemigo. Y hubo defecciones. Hace algo más de 40 años alguien escribió: “…Las enseñanzas, resultantes especialmente de la experiencia de YPF pueden resumirse así: a) Los países que soportan la acción de los monopolios imperialistas sobre determinadas riquezas naturales, deben nacionalizar esas riquezas convirtiéndolas en propiedad del pueblo. b) La explotación de esas riquezas naturales nacionalizadas, es decir, propiedad del pueblo, debe ser realizada por entes autárquicos nacionales provinciales, comunales o cooperativos. Así, al reemplazarse el gobierno de los monopolios por organizaciones no capitalistas, el desarrollo económico no dependerá de los consorcios sino del propio país. c) El Estado debe fomentar el proceso de capitalización de todas aquellas organizaciones cuyos bienes son propiedad de todo el pueblo (caso YPF).”5
Quien escribía esto, el Dr. Arturo Frondizi, ya como presidente, hizo todo lo contrario. Aunque, debemos reconocer que el mecanismo de prometer algo y cambiarlo al llegar al gobierno fue llevado al paroxismo por el actual Presidente. Y en el seno mismo de YPF hu bo, en distintos momentos, quienes tra bajaron en su contra. Además fue un error creer que esa empresa podría ser propiedad de todo el pueblo en el marco de un orden y de un Estado al servicio de distintas potencias imperiales, y sus socios nativos, que desgarran nuestra patria disputándose su dominio. Porque, la cuestión decisiva para la defensa nacional está en si el Estado seguirá siendo un instrumento de dominación del pueblo y de la patria o si las fuerzas populares patrióticas y democráticas serán capaces de llevar a cabo la revolución inconclusa que arrancó en mayo de 1810, instaurando su propio estado de nueva democracia. Esta es tarea en la que deben confluir luchadores populares y patriotas sin distinción de ideologías. Resuenan las palabras del General Baldrich en 1927 ante las acusaciones que sufría por su lucha: “Campaña de sensacionalismo patriotero y de renunciamiento me imputaron. ¿Sensacionalismo por haber dicho con honrada franqueza el peligro que significa la penetración de la indeseable compañía que ha invadido el norte argentino [referido a la Standard Oil, que se apoderaba de los yacimientos de Salta, H.M.], de donde es deber y previsión patriótica sacarla? ¿Renunciamiento por haber dado mis conferencias bajo el patrocinio de la Alianza [una organización pública que propiciaba la nacionalización del petróleo lati-noamericano, H.M.], entidad pacifista y no importa que algo romántica también, que busca un acercamiento y una comprensión iberoamericana? (…) ¿Sería porque en la asociación patrocinadora hubiera simpatizantes con la Rusia de Lenin o con el México de Calles? Pero yo los conocí y los supe nacionalistas que tenían y tienen en sus programas postulados incumplidos de Moreno y Rivadavia, de Alberdi y de Sarmiento. Consecuente con una declaración formulada de que este asunto del petróleo, lo mismo interesa al conservador que al comunista, ningún concurso se debe desdeñar. Las divergencias en los programas sociales, políticos, económicos o ideológicos han de ser de fusión y de bloque cuando se trata de defender la independencia política y económica de una nación amenazada . No hay que temer a los naturales y liberales impulsos de toda juventud que, por ser tal, no está anquilosada. Yo no he de renegar jamás, ni en la forma ni en la esencia de las tradiciones de mi tierra, ni enfrentar en rebeldía la Constitución implícitamente jurada, ni olvidar lo que dice la bandera, pero no he de alarmarme de lo que ocurra en la que fue la tierra de los zares ni en el México que se sacó dos imperios de las entrañas”.6 Hubo, entonces, militares como los Generales Mosconi y Baldrich, que defendieron nuestro petróleo y nuestra bandera, y hubo otros como el General Uriburu que dieron aquel primer golpe de Estado del cual se dijo que tenía “olor a petróleo”, porque vino a detener el avance logrado por los primeros. Tal vez convenga recordar que una de las primeras medidas del golpe de 1930 fue la detención de Mosconi y Baldrich, junto con unos 50 oficiales de menor jerarquía con incomunicación absoluta en el Arsenal Esteban de Luca.7 Hubo civiles, como el Dr. Frondizi, que en su gobierno firmó los contratos petroleros de entrega que, otro civil, el Dr. Illia, anuló por su significado antinacional. Y los golpes de Estado de 1966 y 1976 en los cuales, como veremos, se inició el deterioro intencional de YPF, con el cual se enriquecieron muchos de los que después se beneficiarían con su privatización. En efecto, mientras que el gobierno de la Sra. María Estela Martínez de Perón nacionalizaba las bocas de expendio, el gobierno que la derrocó llevó a YPF al sometimiento a normas contrarias al interés nacional. Y al final de la historia, “la patria contratista” se convirtió en “patria privatista”, y las filiales de los monopolios llenaron sus alforjas con el dinero de YPF y del país.


Lo contrario de lo que se debía hacer

 

Las pérdidas de YPF (ver recuadro) estaban originadas en las ganancias del sector privado a costa de ella. Lo que había que hacer era desprivatizar a YPF. Como se sabe, el Dr. Menem hizo todo lo contrario: a) Transformó los contratos conlas empresas privadas en concesiones a 25 años; les dio la posibilidad de vender libremente el petróleo extraído en el exterior del país (pudiendo, si les convenía, dejar al país sin petróleo); y les aseguró el precio internacional. Entiéndase, el precio que vale el petróleo en puertos de Arabia, sujeto a circunstancias internacionales, como por ejemplo los 35 dólares el barril que costó en plena Guerra del Golfo. b) Entregó las mejores áreas de YPF (áreas centrales) en concesiones a 25 años, siendo la empresa privada el operador, con lo cual quedaba en sus manos cómo y cuánto extraer. Las cuatro primeras áreas, cuyo valor se estimaba en 4.300 millones, fueron cedidas a 805 millones. Se entregaron a 4 dólares el barril de reservas siendo que poco antes se había pagado 6 dólares en áreas de inferior rendimiento. c) Entregó áreas mal llamadas marginales (de menos de 200 metros cúbicos diarios de producción). d) Se entregaron destilerías y oleoductos. No obstante esto, la llamada YPF “residual” siguió dando ganancias, en 1991, por 250 millones de dólares, después de haber pagado 2.600 millones de dólares de impuestos. Y en estas circunstancias, en 1993 se vendió “el resto” y el Estado nacional se quedó con sólo el 20%, de los cuales el 14,99% los compró Repsol en enero, para iniciar el copamiento total al que hicimos referencia al comienzo del artículo. Las provincias, por su lado conservaron un 11,3% cuyos restos también van a ser vendidos ahora. En la situación actual, con el 75% de los votos de los accionistas se puede trasladar la sede al exterior, y con el 66% se puede suspender la refinación y la comercialización en el país. ¿Qué pasaría si ante un aumento del precio del petróleo, a los dueños privados les conviniera vender el petróleo en el exterior y no refinarlo en el país? Lo contrario, desde ya, no ha ocurrido, puesto que las últimas bajas en el precio internacional del petróleo no se reflejaron en bajas similares en el combustible en el mercado interno. ¿Qué pasaría si ante una posición argentina de defensa de su soberanía, intereses imperialistas quisieran doblegarnos y para eso decidieran que no se comercialice más combustible en el país? En el año '93 la venta de YPF se realizó a 19 dólares la acción; la oferta actual de Repsol es, como se dijo, de 44,78 dólares, dándonos la razón a quienes en ese momento afirmamos que YPF se vendía a la mitad de su valor (sin entrar a considerar su valor estratégico). Se dijo entonces que el precio de 19 dólares fue fijado por el Banco Credit Suisse, principal accionista del First Boston, el suplemento económico del New York Times publicó que los banqueros habían comunicado que no pagarían más de 19,20 dólares. (Resulta destacable que el Banco Credit Suisse-First Boston ha sido contratado por el actual directorio de YPF para aconsejar sobre la conveniencia de la venta a Repsol; consejo que ha sido favorable a la misma y por el que ha cobrado la friolera de 10 millones de dólares). En este punto es interesante destacar que en el '93 se dijo que se evitaría formar un monopolio. Hoy, como se ha demostrado, se conforma un monopolio extranjero que controla no sólo nuestro petróleo, sino además vastos sectores del ám-bito energético. Las consecuencias futuras de esto serán (ya son) nefastas para nuestra patria y nuestro pueblo. Desde el '93, con su privatización, YPF ya no hacía exploración petrolera en el país: no era rentable para los nuevos dueños. Se exploró en Ecuador, donde sí estaban seguros de obtener petróleo. Esto llevó a que las reservas probadas de la em-presa se redujeran a 7,9 años de producción, lo que es un nivel bajo respecto de los viente años para el total de las reservas argentinas. Como se ha dicho, la exploración es lo más caro y a las empresas privadas les conviene explorar en otros países donde la ganancia es más inmediata. Así, lo que debe ser nuestra reserva estratégica ha disminuido peligrosamente. En EE.UU. ninguna empresa vende más del 20% de las naftas, aquí Repsol venderá el 60%. Repsol (o quien la suceda) tendrá poder suficiente para marcar la línea de los precios que pagarán las industrias, comercios y familias por las naftas, el gasoil, el gas natural licuado, el gas natural, las garrafas, la electricidad y los productos petroquímicos.9 De todas maneras, Repsol adelantándose a denuncias por monopolio ha dicho que venderá alguno de sus activos. ¿Cuáles? Las estaciones de servicio menos redituables (seguramente aquellas que quedaron de YPF estatal en zonas alejadas donde cumplían una función social y nacional) y alguna destilería (¿Plaza Huincul?). Con lo que no peligrará su posición monopólica. En síntesis, una vergonzosa entrega del patrimonio nacional.

 

La guerra del petróleo para los argentinos tiene héroes como el general Enrique Mosconi, como Raúl Scalabrini y Ortiz y Adolfo Silenzi de Stagni; y héroes anónimos que lucharon día a día desde su puesto de trabajo en los yacimientos y destilerías.

¿Quiénes son los dueños actuales y quiénes los nuevos?

 

 Esta es la pregunta del millón. En el '93, cuando comenzó la privatización, se habló de un alto porcentaje de acciones en manos de fondos de inversión estadounidenses, lo que suponía un control de la empresa por capitales de ese país. Sin embargo, a la hora de constituirse el nuevo directorio, apareció, como presidente del mismo, José Estenssoro. Cuando ocurrió el accidente en el que murió el presidente de YPF, el periodista Rogelio García Lupo atribuyó, en una publicación española, ese “accidente” a intereses norteamericanos, ya que Estenssoro habría participado en triangulaciones con petróleo libio, perjudiciales para intereses petroleros de EE.UU. Por lo tanto podría inferirse que el grupo que controlaba YPF con Estenssoro era de otro origen. Esta suposición se veía reforzada por quienes creían que la compra de la Maxus estadounidense, por parte de YPF, era una operación de grupos económicos ajenos a ese país para penetrar su mercado. Cabe recordar que quien piloteó la incorporación de Maxus a YPF fue el actual presidente, Monti. Otro dato a considerar es que el vicepresidente de la empresa, Madanes, es de una familia a la cual algunas publicaciones atribuyen viejas vinculaciones con la ex URSS sobre todo en relación con el caso Aluar en la década del 70. 10,11 y 12 La composición del directorio debió, obviamente, contar con el acuerdo de las acciones manejadas por el Estado nacional y las provincias. Por eso, se ha dicho que YPF era manejada por “las tres M”: Monti, Madanes y Menem. Al producirse la aparición de Repsol, el Gobierno jugó decididamente a su favor. Incluso cuando se votó en el Directorio la venta total, se produjo la renuncia de Italo Luder, representante de las acciones del Estado nacional, siendo reemplazado por Eugenio Pendás a instancias de Roque Fernández.13 La venta del 14,99% en enero y el apoyo a la venta actual ha contado con el decidido visto bueno gubernamental y, por el contrario, con la reticencia del actual presidente Monti, lo que indicaría una fractura de la alianza que manejó la empresa. Como se ha dicho, quedaron en el camino de la compra de YPF: British-AMOCO, Perez Companc y el ENI italiano, entre otros. Es de destacar la oposición pública a la venta de la hija de Estenssoro, dirigente del partido del ex ministro Cavallo, que habla de “entrega política” y responsabiliza a Menem y Roque Fernández.14 Tengo la sensación de que no es creíble la súbita posición patriótica de alguien que participa del partido político de quien fue activo ministro del Gobierno cuyo “modelo” es responsable de ésta y otras entregas. Pero su artículo afirma, ahora la importancia de YPF y, por ejemplo, de que sus costos de extracción y refinación son inferiores a los de las principales petroleras del mundo, y que YPF genera 3.200 millones de dólares al año en pago de impuestos, dividendos y regalías. Hace mucho tiempo que lo sabemos y nos alegra la confirmación. Pero de ese dato se puede concluir que el Estado nacional ha vendido su 20% a un precio inferior a lo que recauda cobrando impuestos y regalías a YPF anualmente. En enero vendió su 14,99% a 2.100 millones de dólares y por el restante 5% recaudará apenas 800 millones más. Según María Eugenia Estenssoro, su padre se hubiera opuesto a la operación dando “una pelea dura, ruidosa y pública con Menem y su ministro Roque Fernández” a los que atribuye promover la venta por “motivaciones mezquinas, de corto plazo y… de bolsillo”. Es más, dice que el asesor de Repsol fue el ex ministro Dromi, quien “diseñó, en su oportunidad, la venta de Aerolíneas Argentinas a Iberia, y que los españoles pretendían hipotecar los aviones de la línea argentina para financiar su compra”. Mientras tanto el inefable ex ministro Roberto Alemann (de quien se dice que en época de la Guerra del Atlántico Sur era partidario de una Argentina que fuera una colonia próspera de la Europa que va desde el Atlántico hasta los Urales) ha “aconsejado” a Repsol mantener a Monti en el directorio.15 ¡Valiosa opinión de quien siguió pagando como ministro de Economía las deudas a Inglaterra, mientras peleábamos con ella! Paradójicamente, es interesante y no es interesante conocer a quiénes responden los actuales y los futuros dueños de YPF, y quiénes están detrás de la disputa. Es interesante saberlo si se trata de aprovechar las diferencias entre nuestros enemigos (desde el punto de vista del interés nacional) para aislarlos y hacer posible su derrota y la recuperación de YPF. Pero no es interesante si se trata de elegir entre ellos “el mal menor”. Puede decirse de los distintos sectores que rapiñan nuestro petróleo aquello de que cada uno es peor que el otro y ninguno es mejor. Los patriotas luchamos por una Argentina libre de toda dominación extranjera. Lo innegable es que la lucha de intereses está, y que detrás de ella hay un enfrentamiento entre sectores de distintas potencias imperialistas por tajadas de nuestro patrimonio. Todo esto trae a la memoria lo que alguna vez escribió Raúl Scalabrini Ortiz sobre una situación comparable: “La lucha ha comenzado a ser percepti-ble. De ambos lados se cruzarán acusaciones y denuncias. Y la gran batalla del petróleo servirá para instruir a los pueblos en los secretos manejos de las diplomacias y en los métodos y procedimientos con que se amputan sus riquezas”.16

 


La guerra no ha terminado

 

 Mucho luchó el pueblo argentino para acumular todo el patrimonio hoy rematado. Los Generales Mosconi y Baldrich fueron artífices hace más de 70 años del surgimiento de YPF. Hoy hemos retrocedido en el control de nuestro petróleo así como de otros sectores del patrimonio nacional. Se han perdido batallas, pero la guerra no ha terminado. Cae lentamente el telón sobre esta tragedia de entrega y sumisión nacional. Pero en la vida y en la historia, a diferencia del teatro, el telón cae sobre una etapa y se vuelve a levantar para iniciar otra. Cada fin es un nuevo principio. Nuevos luchadores populares y patriotas se unirán a los veteranos que aún continúan combatiendo. Hay patria en las protestas populares. El espíritu ypefiano renacerá. Y, en nuevas batallas, continuaremos la guerra por la verdadera independencia nacional, con una YPF estatal, monopólica y eficiente, que sea parte de un Estado de nuevo tipo que represente los intereses populares y nacionales. Las privatizaciones serán anuladas. No habrá seguridad jurídica para la entrega del patrimonio nacional ni prescripción para los delitos cometidos contra él. Pelearemos por el petróleo que yace en las entrañas de la Patria. Porque el petróleo es nuestro. Entregarlo es entregar la soberanía nacional, el bienestar popular y el futuro de los argentinos.

Referencias bibliográficas

 1. Clarín, 4/5/99, pág. 14.ñ

2. Clarín, 4/5/99, pág. 15.ñ

3. Revista Negocios Nº 92, Buenos Aires, mayo de 1999, pág. 57.ñ

4. Clarín, 17/1/99, pág. 10. ñ

 5. Arturo Frondizi, Política y petróleo, Ed. Raigal, Buenos Aires, 1956, pág. 112. ñ

6. Raúl Larra, El General Baldrich y la defensa del petróleo argentino, Ed. Mariano Moren, Buenos Aires,1981, pág. 72 y 73. ñ

 7.Raúl Larra, El General Baldrich y la defensa del petróleo argentino, Ed. Mariano Moren, Buenos Aires,1981, pág. 90. ñ

 8. Cuadernos para el encuentro en una nueva huella argentina Nº1, Buenos Aires, 1997, pág. 38 y 50. ñ

9. Clarín, 9/5/99, pág. 7.ñ

10.Carlos Echagüe, El socialimperialismo ruso en la Argentina, Ed. Agora, Buenos Aires, 1984, pág. 193 y sig. ñ

11. Irene Capdevila, El caso Graiver, Ed. Agora, Buenos Aires, 1984, pág. 63 y sig. ñ

12. Isidoro Gilbert, El oro de Moscú, Ed. Planeta. Buenos Aires, 1994, pág. 296 y 301. ñ

 13. Clarín, 8/5/99, pág. 22. ñ

14. La Nación, 12/5/99, pág. 2. ñ

15. Revista Negocios Nº 92, Buenos Aires, mayo de 1999, pág. 55. ñ 16. Raúl Scalabrini Ortiz, Política

 

 

 Dr. Horacio Micucci

 

 

Pozo Numero 2.      Descubren PETROLEO en Comodoro Rivadavia el 13 de Diciembre de 1907. Gentileza de Miguel Fiordelli.

 

El precio del petróleo

Un precio político que pone en manos del “mercado” la independencia nacional y el bienestar popular

Dr. Horacio Micucci

En un lapso de tres décadas el precio internacional del petróleo sufrió altas y bajas impactantes. En dólares constantes de 1973, los precios se cuadruplicaron después de la Guerra del Yom Kippur, en 1973, entre Israel y los países árabes. Tuvieron un pico histórico en tiempos de la Revolución Iraní, seguido de una fuerte baja (a un tercio de su valor) entre 1985 y 1986. Durante la Guerra del Golfo, con la agresión de Estados Unidos y otras potenciasl a Irak, se produjo otro pico de precios, y luego un descenso, en 1998, que se prolongó hasta 1999. En el ‘99 comenzó nuevamente a ascender, llegando a los valores de 1991 en el año actual, hasta comenzar su descenso, recientemente.

Se han dado múltiples argumentaciones para explicar estas oscilaciones del precio, inclusive técnicos y climáticos. Sin embargo, a poco que se analice la situación, se descubre que también han actuado importantes factores políticos, avalando a quienes desde hace años (como el veterano maestro Adolfo Silenzi de Stagni) sostenían que el precio del petróleo tiene un alto componente político. Por lo tanto, quienes pensamos esto nos opusimos y oponemos a vincular el precio del petróleo y sus derivados en el interior de nuestro país, con los valores externos que nada tienen que ver con nuestros costos internos.

Sin embargo, nunca como hasta ahora ha quedado visible para amplios sectores de nuestra población que los precios de los derivados del petróleo en nuestro país no caen con la baja internacional y suben con el alza. Esto demuestra que, como muchos preveíamos, la privatización y extranjerización de YPF y la alta monopolización del mercado petrolero nos dejan inermes ante la voluntad de los poderosos del mundo. El General Mosconi (ver recuadro de página 25) ha puesto de manifiesto el objetivo de estrategia nacional que le atribuía a la fundación de YPF. ¡Cuánto hemos retrocedido respecto a los objetivos mosconianos, por obra de una política de sumisión nacional y ajuste antipopular en beneficio de los poderosos, practicada por el gobierno anterior y continuada por el que se inicia! Los intereses nacionales y populares se muestran otra vez unidos, como víctimas de esa política, reafirmando nuestra idea, muchas veces expuesta, de que ambos son inseparables, que no se resuelve el uno sin el otro, y que en las reservas populares y patrióticas está el futuro de la Nación.

En el sube y baja

Hacia fines de 1998 los precios internacionales del petróleo se derrumbaron. El barril referencial Brent llegó en diciembre de ese año a algo menos de diez dólares, llevando el promedio de ese año a 13,34 dólares. El WTI (West Texas Intermediate- Petróleo Intermedio de Texas), referencia en EE.UU. y en Argentina, en contratos a futuro para marzo de 1999, se cotizaba a 11,68 dólares. El sector de refinerías de EE.UU. se mostraba preocupado, hacia principios de 1999, preparándose para enfrentar un nuevo período de disminución de sus márgenes de ganancias. Algunos atribuían la baja al clima templado de ese invierno del hemisferio norte, con disminución en la demanda de combustibles, lo que aumentó los stoks petroleros. Otros analistas relacionaban esa baja del precio al debilitamiento de la OPEP, fracturada por diferencias entre sus miembros. Muy pocos esbozaron que la crisis asiática, con su baja de la demanda de petróleo era también una causa a considerar.

¿Y por casa...?

Una extraña contradicción se planteaba en nuestro país. Se podía leer en un editorial del diario La Nación del 21/02/1999: “Mientras en EE.UU. el precio de la nafta experimentó durante el año último una baja del 40 %, en nuestro país los valores internos del producto se han mantenido estables. Los expertos de diferentes extracciones políticas coinciden en señalar como una irregularidad el hecho de que la nafta súper se venda, en la Argentina, a una cifra superior en un 40 o en un 50 por ciento a la que rige en los mercados internacionales. En las estaciones de servicio el precio de pizarra es el mismo de los tiempos en que el petróleo crudo costaba 18 dólares; nadie parece haberse anoticiado de que el barril está, hoy, a 12 pesos” (La Nación, El abultado precio de la nafta, 21/2/99).

El gobierno de ese entonces, fiel a su política de responder a la crisis con más de lo mismo, intentó desgravar la importación para bajar los precios. Sin embargo, no se obtuvieron resultados. Sucede que no es la época de la libre competencia, sino de la concentración y monopolización: de cada diez litros de nafta que se facturan en nuestro país, nueve y medio corresponden a las cuatro marcas más conocidas.

Sorpresivamente para los adoradores del becerro de oro del “mercado”, los precios, después de las bajas del ‘98, comenzaron a subir a fines del febrero de 1999. Ahora, las bajas temperaturas, que aumentaron la demanda del combustible para calefacción, fueron la explicación encontrada por los “expertos”.

Sin embargo un hecho político asomaba: una reunión de los países de la OPEP se programaba para fines de marzo de 1999, con pronósticos de recorte de producción. El recién asumido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se manifestó dispuesto a cumplir los planes de recorte de producción fijados en 1998 por la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).

Sumada a la mencionada posición del presidente venezolano, Irán y Arabia Saudita llegaban a un acuerdo de recortes de producción. Además, se agregó a lo anterior cierta recuperación de las economías del sudeste asiático, con el consiguiente aumento de la demanda. No obstante, ciego a los factores políticos y económicos en juego, The Economist persistía en sus hipótesis de baja del petróleo. En efecto, se podía leer el 16 de marzo de 1999, después de especular con un precio futuro de 10 dólares el barril: “Aún así, pensemos que 10 dólares podrían resultar, de hecho, una cifra demasiado optimista. Quizá nos encaminemos hacia los 5 dólares por barril. Gracias a los nuevos avances tecnológicos y de productividad, cabría esperar que el precio del petróleo, como el de la mayoría de las commodities, descenderá lentamente a lo largo del tiempo.” (The Economist, Desventajas del petróleo barato, en La Nación, 16/3/99). Y Daniel Montamat transcribía, el 17/04/1999, para La Nación, la opinión de John Brown, de la British Petroleum, que hizo trascender un costo de 3,5 dólares por barril para reponer reservas y 3 dólares como costo de producción por efecto de las nuevas tecnologías (Daniel Montamant, La Nación, 17/4/99).

Cambios

No obstante, a fines de abril de 1999, las empresas petroleras estadounidenses recuperaban la confianza ante las subas futuras del petróleo. Mobil había perdido, en el primer trimestre de 1999, un tercio de sus beneficios; Chevron, el 35 % de sus ganancias en ese lapso; mientras que Exxon declaraba una disminución del 44 %. La confianza se debía a un nuevo factor político: la OPEP y países extra-OPEP, como México, Noruega, Rusia y Omán, llegaban por ese entonces a un acuerdo de recorte de producción. En efecto, entre el 16 de febrero y el 6 de abril de 1999 el precio del petróleo subió un 45 %, (desde ya, con la misma tecnología, lo que reafirma que las causas deben buscarse en la política y en la economía). El ministro de Energía y Minas del nuevo gobierno venezolano reafirmaba en julio de 1999, el compromiso de cumplimiento de los acuerdos de reducción de producción de la OPEP, por parte de su país.

En la Argentina, la situación contradictoria se agudizaba. Decía el por ese entonces opositor Ingeniero Jorge Lapegna, ex-secretario de Energía del gobierno radical de Raúl Alfonsín: “Las cuatro empresas que operan en el sector hoy se embolsan 1.000 millones de dólares de más al año porque no hay controles sobre ellas. Ninguna trasladó al usuario la baja del precio de los combustibles en el mercado internacional” (María F. Villoso, El Senado busca regular el precio del petróleo, en La Nación, 31/5/99).

Mientras, en julio de 1999 el petróleo ya cotizaba, en contratos a futuro, a 18,17 dólares el barril, para setiembre había duplicado el precio. Pero, continuaba la contradicción en nuestro país: los precios de los combustibles que no habían descendido con la baja internacional, ahora subían con el alza del precio internacional del “oro negro”: un relevamiento realizado por la Secretaría de Industria, Comercio y Minería del gobierno de Menem en 92 estaciones de servicio de Capital y Gran Buenos Aires puso en evidencia que entre julio y setiembre de 1999 los precios de la nafta súper y el gasoil subieron el promedio 2,24% y 1,86% respectivamente. Es así que, mientras el crudo cayó un 40% sólo bajaron sus precios un 5%, mientras que en EE.UU. el precio de la nafta llegó a su nivel más bajo de la década: 25,6 centavos el litro. (Laura Suárez Samper, Subió el combustible en los últimos cuatro meses, en La Nación, 1/10/99).

En los momentos de baja, las petroleras que operan en Argentina dieron su argumento más insólito al afirmar que el precio del crudo sólo incidía en un 10 % en el precio final de la nafta, sin embargo no vacilaron en aumentar en los momentos de suba (La Nación, 1/10/99). Para noviembre de 1999, las naftas subieron aquí un 7% de promedio y el gasoil, más de un 10%. Para esa misma época, en Venezuela (a contramano de la política que imperaba e impera en Argentina), se aprobaban los primeros artículos de la nueva constitución. Uno de ellos prohibía privatizar PDVSA, la petrolera estatal más grande de América del Sur y segunda, detrás de la PEMEX mexicana, en América Latina (Raymond Colitt, Venezuela no quiere privatizar su petróleo, Financial Times, en Clarín Digital, 20/10/99). En Brasil, por su parte, Henri Phillipe Reichstul, presidente del gigante estatal Petrobrás, informaba que la compañía pensaba invertir 20.000 millones de dólares en los próximos cuatro años para alcanzar el autoabastecimiento petrolero en el 2003, lo que impactaría negativamente en la Argentina que (convertida en una republiqueta exportadora de materias primas sin industrializar) destina el 24% de sus exportaciones de petróleo a ese país.

El 16 de enero de 2000 el WTI cotizaba en EE.UU. a 30,03 dólares el barril, un 155% más que un año atrás. El 26/02/2000 llegaba al mayor precio en nueve años: 30,35 dólares el barril y a principios de marzo ya superaba los 34 dólares el barril. Sin embargo, el 22 de marzo de 2000, antes de la cumbre de la OPEP, el WTI bajaba por tercer día consecutivo a 28 dólares el barril y el Brent a 25 dólares. Pese a ello se alertaba a los consumidores argentinos a no esperar una pronta reducción en el precio de la nafta, en nuestro país (La Nación, 22/3/2000).

Causas internacionales de las alzas y bajas

El precio de cotización del barril de crudo West Texas Intermediate (WTI) durante 1996 tuvo un promedio de U$S 22,09. En el año 1997 dicho promedio llegó a U$S 20,67. En 1998 se precipitó a U$S 14,61. A partir de allí comenzó un vertiginoso ascenso hasta valores de U$S 35 el barril.

Como se ha visto, se han dado explicaciones diversas a las oscilaciones del precio del petróleo en estos dos años. Se ha hablado de acumulación de stoks provocadas por la baja demanda de combustible para calefacción dado el invierno templado del ‘98, lo que habría sido causal de la baja. Se ha atribuido la baja a mejores técnicas de producción que llevarían el costo de extracción a 3 dólares el barril. Pero lo fundamental fue la caída de la demanda por la crisis asiática.

En julio de 1997 la caída de Tailandia inició una crisis económica mundial, prolongada y por oleadas. Los “expertos” del sistema consideraron que se trataba de un problema local. Pero en octubre de 1997 se generaliza la crisis en toda la región, en agosto del ‘98 cayó la Bolsa de Wall Street e inmediatamente Rusia entró en cesasión de pagos, y en enero del ‘99 cayó Brasil arrastrando a América Latina a una profunda recesión.

La crisis fue la causa fundamental de la caída de la demanda, creando una sobreoferta de petróleo. Pese a que fue negada primero y minimizada en su magnitud después, la crisis económica derrumbó las “profecías” de nuevos “gurúes” que habían anunciado que con el nuevo “modelo global” el sistema había ingresado en una etapa de progreso y armonía sin límites.

La OPEP

En esta situación, los países petroleros, golpeados por la caída de la demanda tendieron a reagruparse buscando disminuir la producción para contener la caída del precio y de sus ingresos. Esta vez se unieron a la OPEP otros países que no la integran.

La Organización de Países Ex portadores de Petróleo (OPEP) se había creado en 1960. Su objetivo fundamental fue impedir la caída de los precios de crudo que se produjo a partir de 1958. La integraron en su origen Venezuela, Irán, Irak, Arabia Saudita y Kuwait. En la actualidad la componen once países: Argelia, Libia, Nigeria, Indonesia, Irán, Irak, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Venezuela. Representa a la fecha más de un 40% de la provisión mundial de petróleo y alrededor del 78% de las reservas mundiales y muchos de los países tienen importantes empresas estatales: Sonatrach (Argelia), Pertamina (Indonesia), KPC (Kuwait), QGPC (Qatar), Saudi Aramco (Arabia Saudita), ADNOC (Emiratos Árabes Unidos) y PDVSA (Ve nezuela) (ver en Internet:http://www.opec.org y http://ecp.com).

La acción concertada de la OPEP en 1973, en represalia por el apoyo norteamericano a Israel, causó el aumento de precio del crudo en esa época. Otra crisis petrolera se produjo cuando Irán (bajo la conducción del Ayatollah Khomeini), en 1979, disminuyó a la mitad la producción de petróleo como represalia contra EE.UU. Pero en las últimas dos décadas predominó la desunión y la desconfianza entre los integrantes de la OPEP. Esto tuvo su momento culminante durante la agresión a Irak, en la cual EE.UU. logró dividir aún más a los países árabes y el apoyo de algunos de ellos. Todo esto debilitó la acción común de los integrantes de la OPEP. Sin embargo, el precio se elevó por la Guerra del Golfo, y luego se mantuvo hasta 1966 por el sostenimiento de la demanda y la exclusión de Irak. En 1997 comienza a caer, como hemos dicho, a consecuencia de la crisis que estalló ese año en Asia.

Buscando dar respuesta a esta nueva situación se produjo, en 1998, la decisión de algunos de sus miembros (en especial Venezuela durante el gobierno de Rafael Caldera) de aumentar la oferta de crudo. Además Irak, que volvió al mercado después de nuevos “acuerdos” con la ONU, estaba produciendo a principios de 1999 al 96% de su capacidad y como sus cupos exportables están fijados en dólares por semestre, si caen los precios puede exportar más volumen (ver nota de Daniel Montamant en La Nación, 17/4/99).

La mencionada caída fue causal, según los expertos, de una transferencia de 100.000 millones de dólares desde los países productores a los compradores. Ha traído un costo político adicional a los productores acuciados por deudas. Y, adicionalmente, por causas análogas, atrajo a un frente común a los países productores no integrantes de la OPEP (México, Noruega, Rusia y Omán). En estas condiciones, bastó que Hugo Chávez, al asumir como presidente de Venezuela, y su ministro de Energía, anunciaran que iban a respetar las cuotas de la OPEP para que el crudo aumentara en los tres meses posteriores de 11 a 21 dólares el barril. El acuerdo, a principios de año 1999, entre diez miembros de la OPEP (menos Irak) y los mencionados países extra-OPEP, que estableció recortes a la producción, causó el alza reciente.

El caso ruso

Merece un párrafo aparte el caso de Rusia. Esta potencia sintió un cuchillo en su vientre cuando EE.UU. intervino en Kosovo, incidiendo en una región con importancia estratégica, entre otras causas, porque apunta al petróleo del Cáucaso. La posterior pretensión de EE.UU. de promover la construcción de un oleoducto hacia Turquía, su aliado, con origen en el petróleo del Mar Caspio, por el tratado del 18 de noviembre de 1999 con Georgia, Turquía, Azerbaiján y Kazahstán, excluyendo a Rusia, encendió rivalidades entre las potencias (en un mundo que hoy es multipolar) y puso el petróleo y el gas de esa región asiática al alcance de Occidente. Por eso Rusia fue a fondo en la guerra genocida contra Chechenia, ya que le es vital para el control del petróleo del Mar Caspio, y su pérdida implicaría un enorme retroceso en sus intereses y sus ambiciones geopolíticas. También China está interesada en la región, ya que su abastecimiento petrolero es fundamental para mantener su actual dinamismo económico y para la expansión de su influencia como nueva potencia mundial. Por eso, China ha estrechado relaciones con muchas de las naciones asiáticas que pertenecieron a la URSS y, fundamentalmente, ha avanzado en acuerdos estratégicos con Rusia que van prefigurando un nuevo eje en la política mundial.

Jaqueada por la crisis económica, el petróleo es, para Rusia, una de sus principales fuentes de divisas. Esto explica su actitud hacia Chechenia, y también, hacia un acuerdo OPEP-extra OPEP que mejore los precios del “oro negro”. Debe destacarse que los yacimientos del Mar Caspio, aunque no son tan importantes como los del Golfo Pérsico, tienen reservas calculadas en la mitad de las de Arabia Saudita y que en 1996, por ejemplo, la producción petrolera de Europa Oriental y la Comunidad de Estados Independientes era superior a la de África (con Argelia, Libia y Nigeria) y algo más de un tercio de la del Medio Oriente.

Es preciso advertir también la acción del lobby petrolero norteamericano perjudicado con la baja, con influencia en el Congreso estadounidense, y que podría incidir en las decisiones de gobiernos como el mexicano que en vísperas de elecciones en julio, cuenta así con ingresos imprescindibles.

Economía y política

Como se ve, las causas del aumento son económicas (los vaivenes de la crisis) y políticas. Estas últimas, en lo fundamental, se deben a la voluntad unitaria de países del llamado Tercer Mundo, junto con disputas entre potencias como Rusia y EE.UU., y luchas internas entre sectores monopólicos.

Así hay, primero, una disminución de la demanda por la crisis. En respuesta, los países productores acuerdan un control de la oferta para llevar el precio a 25 o 28 dólares el barril. Esto coincide con cierta reactivación de las economías de los países asiáticos y con que se mantiene el crecimiento de Estados Unidos. Luego, en este último país, se producen “temblores” económicos como la reciente caída de la Bolsa de Wall Street por el derrumbe de las acciones de la llamada “nueva economía”(índice Nasdaq), que podrían estimular a los países productores a reduccir nuevamente la oferta.

Es preciso destacar que, detrás de este trágico ping pong, hay recesión y caída de puestos de trabajo, vinculados a la crisis y a la disminución de la producción petrolera, empeoramiento de las condiciones de vida de los pueblos, menor consumo y el consiguiente incremento de las condiciones de crisis: superproducción y subconsumo. Lo contrario del mundo del eterno progreso que nos prometieron, donde el desarrollo sostenido de la producción derramaría riquezas sobre nuestros países. Ocurre todo lo contrario a los augurios de los defensores externos e interos del modelo. En suma, las necesidades de los pueblos y naciones son inmensas, al igual que las posibilidades de desarrollo de la producción con las nuevas tecnologías, pero el dominio mundial por un puñado de potencias y de grandes monopolios restringe el mercado, provocando crisis como la que viene azotando al mundo, con una inmensa pérdida de fuerzas productivas y de penurias para nuestros pueblos y naciones.

Se advierte claramente que el precio del petróleo es un precio político, que depende en baja medida de los costos. Un país que aprecie su independencia económica y el bienestar de su pueblo no puede quedar sometido a estas oscilaciones que ocurren a miles de kilómetros de aquí. Máxime cuando el petróleo sigue siendo la fundamental fuente de energía, de importancia estratégica para todo desarrollo industrial, clave desde el punto de vista de la defensa nacional (¿podríamos pensar en una acción militar de defensa con dependencia en este aspecto?) y de implicancia directa, en caso de escasez o encarecimiento, en el bienestar popular.

El “modelo” que aplicó el gobierno anterior y continúa aplicando el actual, corresponde a una republiqueta que se resfría cuando alguien estornuda en cualquier parte del planeta, frágil desde el punto de vista económico y político, con el consiguiente debilitamiento de su soberanía.

Monopolio y ganancias

Como vimos, en los momentos de baja internacional del crudo los combustibles no bajaron en nuestro país; y en los momentos de alza, subieron. Los hechos derrumbaron de un solo golpe los argumentos de los que sostenían que la privatización del petróleo abarataría los precios internos; y de los que nos decían que el control del petróleo nada tenía que ver con nuestra soberanía, burlándose de la consigna:“Entregar el petróleo es entregar nuestra bandera”.

Durante años, cuando YPF era estatal, los contratistas privados exigían que les pagaran el petróleo extraído en áreas exploradas por YPF a precio internacional (ver nota del autor en Cuadernos Nº 3, agosto/99). Es más, algunos de ellos querían el precio CIF (precio internacional del petróleo más el costo de un supuesto flete inexistente equivalente a traerlo desde el Golfo a Buenos Aires y el seguro correspondiente por riesgos “virtuales”). Así, por resolución del Ministerio de Economía Nº 684 del 18 de junio de 1979, en pleno “Proceso”, YPF estatal le pagaba a las concesionarias Astra-Shell y Esso el precio internacional por el petróleo resultante de aumentar la producción. Y, para la misma época, le pagaba a los contratistas que extraían petróleo en áreas descubiertas por YPF, el 60% del precio internacional de un petróleo equivalente incluyendo un flete fantasma desde el Medio Oriente hasta el puerto de La Plata, más la regalía del 12% a las provincias, más los impuestos provinciales y nacionales de ganancias de los contratistas, más las servidumbres por ocupación y tránsito a los propietarios de la tierra, más indemnizaciones por daños causados por los contratistas, etc. De tal manera que la suma de estos costos significaba que se superaba el precio internacional (ver Adolfo Silenzi de Stagni, Claves para una política petrolera nacional, págs. 145/7). Otro ejemplo se encuentra en las conclusiones de la Comisión Investigadora sobre Petróleo de la Cámara de Diputados de la Nación que en 1964 analizó los contratos firmados por el Dr. Frondizi. Se lee allí que: “Los precios a que las empresas con contratos de explotación entregaban el petróleo crudo a YPF, sumados a las tareas, im puestos y regalías que el ente estatal tomaba a su cargo, configuraron un importe superior al que hubiera debido abonarse por productos importados de calidad similar” (Adolfo Silenzi de Stagni, Claves..., pág. 111).

Esta situación descripta, más la obligación, por un decreto del General Videla, durante el primer turno del “Proceso”, de vender petróleo para refinar a las destilerías de Shell y Esso, a la mitad del precio que se veía obligada a pagar por él, llevaron a la YPF estatal al déficit en que se encontraba. Déficit que sin duda tuvo como responsables a funcionarios y gobernantes que se propusieron, en distintos gobiernos, trabajar para los que se querían apropiar de YPF y no para el país. Con la excusa del déficit así provocado se privatizó YPF, y ahora quienes tienen el control monopólico de nuestro petróleo se adueñan de 1.000 millones al año (según cifras oficiales), y nos someten a su voluntad en un insumo de características estratégicas.

Las medidas del gobierno

Volvamos a la situación actual. Ante los precios altos de los combustibles, el gobierno propuso algunas medidas:

1. Anunció que investigará de oficio posibles maniobras de monopolio. La base de esa investigación serían las diferencias registradas entre el precio de importación de los combustibles y el de venta en los surtidores. Sin embargo en los últimos años (1993 y 1998) el Estado ya abrió dos causas contra las petroleras acusándolas de abuso de posición dominante y concertación de precios. Ambas investigaciones realizadas por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia demostraron la facilidad con que las empresas eran formadoras de precios, trasladando totalmente al precio final cualquier aumento en el impuesto a los combustibles; o competían “a través de publicidad, propaganda, sorteos, pero no de precios”. Sin embargo nunca se atrevieron a decir que las grandes, que monopolizan el mercado, actuaban en forma de cartel y no hubo sanción. Al respecto, cabe agregar que la prensa ha informado que en los archivos de la Secretaría de Industria hay un informe de expertos del Instituto Di Tella que data de 1998, en el cual se estudian “conductas anticompetitivas” en quince sectores industriales, entre ellos el petrolero. En lo referente a este sector se afirma que: “las subas simultáneas de precios y la ausencia de guerra de precios parecen indicativas de una situación de cartelización”. Y sostiene que para que tal situación se mantenga” la penalidad esperada por formar parte de un cartel debe ser baja en comparación con la ganancia esperada [por ser parte de él]”. Esta ganancia fue, como se informa más arriba, de 1.000 millones de dólares al año. Dinero este que, en lo fundamental, es girado al exterior, ya que con datos que se pueden encontrar en la Dirección de Cuentas Internacionales del Ministerio de Economía se advierte que en 1993 se giraron al exterior el 28% de las utilidades mientras que en 1999 se giraron el 68% de las mismas.

2. Internacionalizar el mercado. Permitir la libre importación de combustibles. Los expertos coinciden en afirmar que esta medida es inútil en el corto plazo, aunque se otorguen facilidades legales e impositivas, porque no hay infraestructura portuaria, de almacenamiento y de comercialización (solamente el 10% de las estaciones de servicio son independientes). Esta medida se propone, como el gobierno anterior, resolver las consecuencias del modelo económico aplicado con más de lo mismo, es decir, huir hacia adelante. Sin duda, que los resultados serán catastróficos para el país y el pueblo. Es como curar a un envenenado con más veneno. El enfermo morirá.

Todas las medidas planteadas son ineficaces. El mismo se cretario de Energía, Daniel Mon  tamat, reconoce en un reportaje, que no es posible la regulación de precios en las condiciones actuales, porque tal regulación sólo es aplicable cuando el Estado cuenta con una empresa estatal, que actúe como testigo en el mercado, como sucede en Chile con el ENAP, papel que en Argentina cumplía la YPF estatal (Da niel Montamant, Una política de más apertura y sin precios fijos, La Nación, 12/03/2000).

Lo que ocurre es que estamos ante una situación de monopolio en el cual las tres empresas más grandes (Repsol-YPF-EG3, Esso y Shell) controlan el 92% del mercado de nafta súper; el 86% de la nafta común y el 89% del gasoil. Rubén Maltoni, subsecre tario de Energía a principios del gobierno de Menem, reconoce en otro reportaje, que importar combustible es una medida inefectiva. Argentina es un país exportador de combustible. Es como querer abaratar el pan importando trigo.

Además, con una YPF estatal, la suba de los precios internacionales del petróleo, la acción de la OPEP, podría beneficiarnos como exportadores. Incluso permitiría mantener el precio interno bajo favoreciendo a la producción nacional, compensándolo con el mayor ingreso de divisas por la venta al exterior. Mientras que con YPF privatizada, suben los precios internos en beneficio de los monopolios, y también son los monopolios los que se benefician con la suba de los precios de exportación, dejando muy poco en el país.

¡Cuánta razón tienen las palabras del General Mosconi!

Conclusión

Se dan las condiciones descriptas por Mosconi de perjuicios a la Nación; condiciones que sólo pueden ser modificadas con una YPF estatal, monopólica y eficiente. Por supuesto, aprendiendo del pasado, como parte de un nuevo Estado al servicio de los intereses nacionales y populares, en el cual no sea posible la existencia de funcionarios que trabajen perjudicando los intereses del pueblo y la Nación.

Decía el General Mosconi: “Tanto el grupo europeo, el anglo holandés Royal-Dutch, como el norteamericano Standard Oil, de funesta tradición ante la justicia de su país, son indeseables para toda nación que quiera fecundar en paz su trabajo creador.” (Enrique Mosconi, El petróleo argentino, 1922-1930, Círculo Militar, 1983).

Nuestro país es hoy presa de disputa entre distintas potencias. Es necesario alcanzar la independencia de toda dominación extranjera para constituirnos en una verdadera Nación. Y es preciso esa independencia para que nuestro pueblo tenga verdadero bienestar.

La recuperación del patrimonio nacional entregado en estos años (nuestro petróleo incluido) es parte de la independencia a conquistar. Y será parte, al decir de Mosconi, de la independencia integral de América del Sur.u

 

Recuadro

El plan de Mosconi

“El plan de reorganización industrial concebido en 1923 empezó a dar los deseados frutos en agosto de 1929. (...) La dirección de nuestro mercado de nafta y de kerosene se encontraba en manos de la West India Oil Co., la más fuerte de las compañías que importan nafta y kerosene en el país, empresa filial de la Standard Oil of New Jersey. Esta compañía resolvía por sí el alza o baja de los precios, según cotizaciones u órdenes impartidas desde Nueva York. (...). Esta es, por otra parte, la característica del mercado mundial. En todas las naciones del mundo ocurre igual cosa. (...)

“Desde el 1º de agosto de 1929 nuestro país es el único que se libera de esa ley de hierro de los trusts imperialistas.

“Yacimientos Petrolíferos Fiscales impuso:

“El 1º de agosto de 1929 rebaja de 2 centavos. El 11 de noviembre de 1929 rebaja de 2 centavos. El 1º de enero de 1930 rebaja en la provincia de Salta de 2 a 6 centavos. El 20 de enero de 1930 rebaja en Mar del Plata 8 centavos. El 17 de febrero de 1930 precio de venta en todo el país 20 centavos (...).

“Las compañías privadas podrán lamentarse diciendo que las rebajas efectuadas les producen pérdidas; pero con ello incurren en error, pues en el Boletín Oficial se dio el balance del año 1929 de la (...) West India Oil Co. propietaria de la destilería de Campana, donde observamos que con un capital de 20 millones de pesos obtuvo en el período indicado una utilidad de $ 4.062.665,35. Esto representa un beneficio líquido del 25%, después de haber destinado de las ganancias del año la suma de $ 1.345.248,69 para la amortización de edificios, maquinarias y muebles.”

General Enrique Mosconi, El Petróleo Argentino, Círculo Militar, 1983, Buenos Aires.

 

Recuadro

1º de Agosto de 1929

El 1º de agosto de 1929 es fecha memorable en la organización económica de la Argentina y, por ende, de la América del Sur. Un siglo antes se inició en el Plata el proceso de la independencia política de América Latina, en aquella campaña heroica que hizo sus primeras armas en San Lorenzo, tomó cuerpo en Chacabuco y Maipo y, luego de pasar por Lima, termina en Junín y Ayacucho, cerrando allí el período de la dominación de España en el Nuevo Mundo. Pues bien: a semejanza de aquel gran movimiento continental que dio independencia política a nuestro continente, se encuentra en marcha el movimiento que terminará conquistando la independencia económica para nuestra América. El primer capítulo tiene realización feliz en Buenos Aires el 1º de agosto de 1929, fecha en que nuestro país rompe los trusts petrolíferos que hasta entonces impusieron sus exigencias y da a la América Latina el ejemplo y el impulso inicial del movimiento que se ha trasmitido ya a algunos países hermanos, México, Colombia y Uruguay, entre ellos, y que se propagará irremisiblemente a los demás pueblos de nuestra raza, hasta el establecimiento de la independencia integral de Sud América. Esta visión no encierra fantasía ni ultra optimismo, como parecía en el año 1922, cuando anunciamos que en nuestro país abatiríamos los trusts petrolíferos, proyecto que se imaginó fantástico, pero que fue realidad magnífica siete años después. Desde el 1º de agosto de 1929, fecha en que los trusts petrolíferos inglés y norteamericano quedan definitivamente rotos en nuestro país, los habitantes de la República, no sufren más imposiciones, que las emanadas de su propio gobierno que decide, libre de ingerencias extrañas en todo lo relativo al combustible líquido y empiezan a volcarse tierra adentro los millones que hasta entonces tomaban el mar. La Nación Argentina se ve libre de todo peligro o asechanza que pudiera perturbarla o detenerla en su marcha a su futuro engrandecimiento y bienestar.

General Enrique Mosconi

 

Vehículo de la flota de YPF.  Patente 60 en Comodoro Rivadavia.   Gentileza Miguel Fiordelli

 

¿Quién se llevó las reservas?

por Fernando "Pino" Solanas

La privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales resultó la más salvaje del mundo, porque además de hacer desaparecer a la empresa petrolera pública, transfirió sin límites el subsuelo argentino con permisos de exploración y concesiones de explotación más allá de lo permitido por la vigente Ley 17.319, se desreguló la industria petrolera luego de la desaparición de la empresa pública, en contra de los intereses del país y la población consumidora, y se terminó por fragmentar y desnacionalizar la estructura energética del país.

Algunos de los resultados negativos están a la vista: durante años los consumidores tuvieron que pagar las naftas más caras del mundo; frente a la devaluación del peso las compañías no tuvieron otra respuesta que la no provisión de productos como el gasoil; las petroleras incrementaron los precios del gas y del fuel obligando a los usuarios de la energía eléctrica a pagar tarifas más caras; y los gobernantes dejaron que los exportadores de combustibles y crudos pudieran mantener en el extranjero el 70 % de las divisas originadas en la exportación, sin necesidad cambiarlas en el Banco Central argentino.

Ahora han constituido una asociación lobbística, que nuclea a los empresarios que crearon las patrias contratista y privatista, con la pretensión de que el Estado nacionalice nuevamente su deuda externa mediante un seguro de cambio (son los mismos que en ocasiones anteriores lograron con Cavallo la estatización de su deuda externa). Y también acaban de obtener la disminución de las exiguas retenciones a las exportaciones de hidrocarburos, que habían sido establecidas en los primeros días del interinato de Duhalde.

Entre tantos hechos y resultados negativos originados en el entendimiento de funcionarios gubernamentales y empresarios privados que incumplen la ley de hidrocarburos, debe recordarse uno que muestra la anatomía y el funcionamiento del despojo nacional. Poco antes de privatizarse la empresa Y.P.F. los grupos concentrados mencionados organizaron uno de los más grandes milagros del petróleo argentino: disminuir misteriosamente a niveles inimaginables, en un verdadero pase de magia, las reservas de petróleo y de gas.

¿Cómo se logró tal achicamiento de la riqueza argentina? A través del desconocimiento de las reservas que registraba la empresa pública y la secretaría de Energía y con la cesión de la medición de las reservas del año 1990 a la consultora norteamericana McKinsey & Co. (y a su filial inglesa). Luego, se mantuvo la privatización de la registración cuando se permitió a las petroleras privadas que declarasen sus reservas por sí y con el procedimiento posterior de una certificación otorgada a otras consultoras.

En 1988, antes del estudio de McKinsey, Argentina tenía 362,5 millones de metros cúbicos de petróleo pero en 1990, post McKinsey, las reservas se habían reducido a 249,6 m3, o sea que desapareció un tercio (- 31,1 %) sin que hubiera aumento de la producción. Con respecto a las reservas gasíferas con la revaluación pasó otro tanto: entre 1988 y 1990 la caída fue del 25 %, o sea que la pérdida fue de un cuarto de las reservas, transformación que nunca se explicó.

¿Que puede presumirse de esta fenomenal rebaja de reservas? Pudo deberse a varias causas: aunque Y.P.F. no capitalizaba el valor de las reservas en su activo, si las reservas decrecían menor sería el precio de la privatización de Y.P.F. También sirvió para que los privatizadores desde el gobierno y las empresas lobbísticas pudieran argumentar a favor de la privatización en el sentido de que el "horizonte de reservas" del país era bajo y debía ampliarse eliminándose la empresa pública, que sería la culpable del achique.

Esta consultora (a través de su departamento de estudios petroleros) ha trabajado para las principales compañías multinacionales y, en su revista The McKinsey Quarterly, del tercer trimestre del 2000, cuando el país se encontraba en plena depresión, seguía considerando que "Argentina recientemente ha hecho un gran progreso económico...".

Apenas se terminó la privatización del petróleo y del gas, las reservas aumentaron casi inmediatamente, en un tiempo por demás corto para que haya sido resultado de verdaderas inversiones en nuevas exploraciones: en 1993 las reservas alcanzaron los 352,4 millones de m3, nivel similar al de 1988.

Explotación para exportar sin realizar nuevas inversiones: éste es el resultado de la privatización argentina. El año pasado sólo se perforaron 31 pozos de exploración, la tercera parte de los que realizaba Y.P.F. en los últimos años de su existencia. Pero ésta es otra historia que hace también a la magia aplicada en nuestro país. No debe disimularse que Repsol es auditada por Arthur Andersen, que en su publicitado informe "Argentina, Executive Oil Briefing" (octubre de 2001) afirmaba que "Argentina fue el primer país del Cono sur en privatizar su industria hidrocarbonífera. Desde la privatización las reservas y la producción se duplicaron..." Andersen, gran manipulador de cifras como lo demostró en el caso Enron, ignora que las reservas de gas no crecieron y que las de petróleo se acercan a su duplicación sólo si se tomara como base la discutida medición de 1990.

 

“¿Un Kuwait en la Patagonia?”

Los recientes hechos en torno a las retenciones a la exportación de petróleo y gas pueden ser analizados no sólo desde el punto de vista económico y particularmente fiscal, lo cual se trata en otro artículo. Merecen también ser tratados desde el preocupante ángulo de la integridad territorial argentina.

 

La alevosidad con que se han presentado los actores en este juego de presiones (empresas, gobiernos provinciales, sindicatos, prensa local, gobiernos extranjeros) debe alertar a todos los compatriotas sobre las asechanzas que se ciernen sobre el país no ya como especulación intelectual sino como peligro concreto, real y próximo. En el tema es cuestión, lo primero que se observa es que el saqueado y ahora exhausto Estado Nacional no logra conducir esas negociaciones y un raro aroma “secesionista” empieza a instalarse en la región.

 

La situación de la Patagonia petrolera y gasífera

 

En Santa Cruz gobierna el PJ hegemonizado por el matrimonio Kirchner. Provincia lejana, privilegiada por sus riquezas y bellezas como pocas, es un vasto territorio con escasa población en su mayoría aportada por la Argentina histórica. También hay un porcentaje (menor) de población de origen chileno y aborígenes. Esta provincia existe no sólo por el esfuerzo de su pueblo sino, previamente, por la decisión de la Nación de “argentinizar” ese espacio.

 

Estado y territorio

 

El Estado es la organización jurídica de la Nación. El territorio es todo el espacio geográfico donde efectivamente ese Estado, sus leyes

e instituciones, su autoridad, su imperio y su potestad  tienen vigencia. En última instancia, el territorio es el espacio que un Estado puede defender con éxito frente a cualquier intento de cuestionarse su soberanía sobre el mismo.

 

En Chubut gobierna la UCR. En Neuquén el partido provincial MP Neuquino. Tres distintos orígenes partidarios que no pesan a la hora de defender sus intereses regionales; han tenido en las negociaciones idénticas posiciones. No es esa coincidencia lo preocupante sino que, ante la necesidad nacional de imponer retenciones a la exportación los gobiernos coincidieron con las empresas y con los sindicatos y juntos presionaron al gobierno nacional hasta arrancarle concesiones que, más grave aún, fueron presentadas, lobby mediático mediante, como generosos aportes hacia el Estado federal ya bastante desprestigiado. Campaña que, es sabido, es la base del largo plan de debilitamiento y disolución. En eso estamos.

 

El sentimiento patriótico del pueblo

 

La Patagonia siempre fue muy patriota en su sentir. Alcanza con recordar con qué espíritu se vivió allí la guerra por Malvinas mientras la frívola Capital seguía su vida alegre.

 

Muy argentina, no sólo por estar habitada por miles de tucumanos, santiagueños, bonaerenses, salteños, etc. También por la decisiva presencia del Estado, a través de la escuela pública nacional, YPF, Vialidad, Banco Nación, Correo, Aerolíneas, Ejército, Armada y Gendarmería. Los subsidios y regímenes especiales de todo tipo compensaban la lejanía, el clima duro, el aislamiento. Sin esa presencia fundamental, la Patagonia argentina no habría existido.

 

Esas condiciones objetivas han cambiado, fundamentalmente en la última década con el desguace del estado nacional, la reforma constitucional al ceder soberanía sobre las riquezas energéticas y la llegada de poderosas empresas transnacionales a quienes se les entregó, vilmente, la explotación y todo el ciclo hasta la comercialización de gas y petróleo. Desde entonces, objetivamente, se dan las condiciones de una alianza de intereses comunes entre los gobernantes y esas empresas. El poderío económico es tal que se influencia al conjunto de la sociedad a partir de los mismos medios de comunicación. Los trabajadores, chantajeados por las empresas por la eventual pérdida de sus trabajos si se le aplican retenciones, terminan haciendo causa común con gobernantes y transnacionales. Cuidado con esto, en un país con la conciencia nacional quebrada, un Estado débil, una solidaridad en crisis.

 

Corte de energía y reclamo chileno

Las movilizaciones de los trabajadores  “en defensa de la fuente de trabajo” le dio el marco popular a la cosa. Las torpezas de los funcionarios del gobierno, su inhabilidad manifiesta y en algunos casos irresponsabilidad pusieron lo que faltaba. Faltó petróleo en las centrales que hacen funcionar los gasoductos y rápidamente un conflicto interno se convirtió en internacional: Chile quedó por algunas horas sin gas lo que afectó a varias ciudades trasandinas, incluida Santiago.

 

Con la velocidad natural de la diplomacia chilena, su canciller protestó ante el Ministerio de RR.EE. y simultáneamente el Presidente Lagos se hizo saber a Duhalde que el asunto debería estar resuelto rápidamente. “Tenme informado al instante, querido Eduardo”. Nuestra debilidad es pasmosa.

Cuidado con estas cosas. Un mal manejo de estas cuestiones y rápidamente se pasa a un conflicto que dejará de ser interno y se nos irá de las manos.

Primero, reconstruir el poder nacional y refundar el Estado

Esto implica cobrar impuesto sobre nuestras riquezas energéticas. Sí o sí. O no hay más estado y la disolución estará a la vuelta de la esquina. Impuestos, no voluntarias contribuciones de las empresas. No sólo para que el Estado tenga fondos, sino para que vuelva a tener imperio. Es una pulseada fundamental en la que debe apoyarse al gobierno cuando éste intenta aplicar retenciones, empujarlo para adelante cuando flaquea o denunciarlo cuando se entrega a las presiones de las empresas. La designación de Alieto Guadagni en Energía, públicamente promovido por una petrolera, es un síntoma inequívocamente preocupante.

 

Es necesario que la Nación Argentina reafirme su soberanía indubitable sobre las riquezas energéticas y obligue a las empresas a cumplir con nuestras leyes. Ningún recurso deberá ser desechado, incluso para casos extremos,  la ocupación militar de los yacimientos y asumir la conducción de las empresas para garantizar el normal funcionamiento de esta área estratégica.

No abandonaremos este tema.